Sexo en la lactancia: creatividad y paciencia

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En Inspirulina somos activistas de la lactancia materna. ¿Por qué? Porque creemos que es lo natural: la leche materna tiene todo lo que necesita el bebé durante sus primeros meses de vida. Por eso hemos escrito sobre los beneficios para la salud, cómo afecta positivamente la futura conducta del niño, cuáles alimentos ayudan a que la madre produzca más leche, y especialmente, el apoyo que brindamos los padres a la madre que amamanta.

Pero faltaba algo clave, sobre todo para los hombres. Ese bebé está en casa porque en algún momento mamá y papá tuvieron sexo. Pero después de su llegada ¿Existe vida sexual si la madre está dando teta?

La verdad sea dicha, existe, pero cambia. Y mucho. Para empezar, las tetas pasan a ser del bebé. Y no podía ser de otra manera: con tantas hormonas, falta de sueño, exigencias domésticas y ritmo de lactancia, la mujer se convierte en madre al 100%, y pretender que la vida sexual será la de recién casados es una utopía.

Se los digo por experiencia.

Antes que naciera mi primera hija ya estaba ganado a las filas de lactancia. Sabía la importancia de comenzar desde el primer minuto, del valor del calostro, del vínculo afectivo y de los anticuerpos que vienen con la leche de la madre. Lo que no sabía, y nadie me dijo, es que mi esposa me vería con otros ojos. Y no precisamente los del deseo.

ANTES Y DESPUES

Durante el embarazo muchas parejas suelen experimentar una satisfactoria vida sexual. El incremento en el nivel de estrógenos y progesteronas que experimenta la mujer le permiten alcanzar con mayor facilidad el orgasmo. Además, la actividad sexual ayuda a que el cérvix se ablande y madure, favoreciendo el parto. Todas las sensaciones agradables del acto sexual, el torrente de oxitocina (la hormona del placer) y de endorfinas, sumadas al oxígeno que circula en la pelvis de la mujer excitada, se traducen en un baño mágico para la criatura en el útero.

Pero en el postparto las cosas cambian.

Para empezar, el estrógeno en la mujer se va al piso y sube la prolactina. Esto favorece la producción de leche, pero genera resequedad vaginal y previene la ovulación. De cierta manera, durante los primeros seis meses la madre está, hormonalmente hablando, en una situación parecida a la menopausia.

Con la lactancia hay algo más: algunas mujeres sienten que sus pechos son para alimentar al bebé y no para el placer de su pareja. Y si se produce el encuentro sexual, es posible que al alcanzar el clímax sus senos boten leche.

Y luego está la demanda física. Una mujer que es abrazada, estrujada y chupada por su bebé todo el día no está esperando con ansias que su esposo la lleve a la cama. De hecho, es posible que lo rechace y se generen tensiones. El hombre puede sentirse excluido, e incluso, celoso del recién llegado, quien tiene toda la atención (y el cuerpo) de la madre.

¿Fin de mundo? De ninguna manera. Lo que papá necesita es ejercitar el músculo de la paciencia, desarrollar la creatividad y entender cuán importante es su papel en esos primeros meses de vida de su hijo.

SER HOMBRE Y PAPÁ

Lo primero que tenemos que entender los padres es que esta es una etapa pasajera. La libido de nuestra esposa no se ha marchado para siempre. Durante los primeros seis meses el apetito sexual suele estar bajo, pero una vez se reduce la cantidad de prolactina en el cuerpo, las cosas cambian.

En el plano sexual, estos son los meses de dar cariño y afecto sin esperar que el contacto conduzca al coito. Pero eso no significa abandonar el placer. Siempre es posible explorar algunos juegos, e incluso, la autosatisfacción en pareja. En caso de resequedad vaginal, un gel o crema lubricante es útil si mamá entra en el mood. Tener sexo después que el bebé haya comido reduce la cantidad de leche en los pechos y la posibilidad de un derrame durante el acto. Si los senos de la mujer están muy sensibles, puede aplicarse la regla de “se mira, pero no se toca”.

Y lo más importante: si ambos sienten que se abre una ventana de oportunidad, hay que aprovecharla. No es secreto: una pareja está cargada de mejores energías después del sexo.

En el plano emocional, el rol de papá es muy importante. No solo apoyando a la madre que está lactando, sino también estableciendo con el bebé un vínculo emocional profundo. Aquellos tiempos cuando “los bebés son de la mamá y por eso yo no lo toco” quedaron atrás. Es cierto, no tenemos tetas, pero si tenemos brazos, pecho, olores corporales y besos. Un bebé también se alimenta con cariño, y nosotros podemos darlo a manos llenas.

Papá puede aprovechar esos meses para colaborar en labores domésticas, obtener una maestría en cambio de pañales, explorar recetas en la cocina, especializarse en baños al bebé y disfrutar el milagro de su crecimiento. Un desarrollo que con la leche de mamá será mejor.

¿Y el sexo?

Volverá. Todo cambia en la vida, todo el tiempo, y este caso no será diferente. Nuestra pareja no ha desaparecido, pero a causa de la programación hormonal, durante la lactancia se concentra en ser madre. Una vez que llegan los hijos ya no es asunto de tú y yo, sino de nosotros, y puedes estar seguro de que con cada chupada tu hijo se está convirtiendo en un ser más sano, más fuerte y más feliz.

Por último, se por experiencia que todo esto es más fácil decirlo, que hacerlo. Para el momento que llegó mi segunda hija estaba preparado para los cambios, pero aún así, no faltaron los baches en el camino. Conversa lo más posible con tu esposa y dirige toda esa energía sexual hacia las áreas de tu vida donde puedes generar algo creativo.

Los hombres sabemos cuán importante es el sexo en nuestras vidas. Pero no dejes que esa necesidad agrie la leche que está dándole vida a todos.