Terapia de la confianza

He pensado durante años que lo último que se pierde es la esperanza…

¡Qué equivocado estaba!

Lo último que se pierde es la confianza, la confianza en uno mismo.

¿Qué tanto tengo que esperar, cuando todo sucede a través de mí?

¿Acaso alguien más podrá saber de mi auténtica necesidad?

Soy, en esencia, puro manantial de agua fresca.

¿Qué sentido tiene seguir gritando “Tengo sed, tengo ser”?

Cuando, como terapeutas o profesionales de la salud, nos ponemos en el lugar de “meros oferentes”, sin más estamos cercenando procesos naturales y capacidades personales de las gentes, por el solo hecho de creer que tenemos la capacidad de ayudar. Siento que un lugar más representativo y sano de la auténtica posibilidad que se presenta en este vínculo terapeuta y paciente, es el de la fusión e integración.

He visto en muchas oportunidades en consulta cómo las personas se sienten aliviadas y comprendidas, cuando sencillamente les regalo mi plena disposición y mi “sentirme parte” de manera consciente e incluso inconsciente. No habita en mi presencia ningún deseo de ayudar, ni de intervención, sino una confiable imparcialidad y una completa simbiosis de comunión. Cuando las gentes comprenden por sí solas, el proceso de transformación sucede sin más. Cuando existe respeto por la configuración y la realidad del otro, hay una auténtica posibilidad de que el paciente pueda acceder a sus recursos propios para regresar a un estado de claridad y seguridad de manera más efectiva y definitiva.

Si en cambio mi intención es la de “desacreditar, descalificar o reformular” los mecanismos que la persona ya tiene consigo, estoy creando una interferencia próxima a la manipulación. Incluso en estas condiciones, donde el paciente es “el consultante”, ¿quién soy yo para reprogramarlo o para dar formato “reseteando su sistema”? ¿Cómo puedo saber si ese “mecanismo” que puede parecer negativo, no le salvará la vida mañana? Mi mejor estado para con el otro es siempre el de Presencia. ¡Y qué es la Presencia, sino una completa disponibilidad de atención sin tensión!

Sólo si puedo ser un espejo limpio puedo devolver una imagen real. Mi condición como terapeuta debe ser, indefectiblemente, la de permanecer en ese estado de presencia, sereno como un lago, pero fluyendo como un río que sabe de su océano. Cuando el paciente comprende que puede ver su rostro en “ese lago espejado” y sin distorsiones, se reconoce, se re-encuentra y re-conecta con sus recursos naturales. Sólo así se lanzará al río y, juntos, recorreremos valles y montañas, incluso desiertos a lomo del viento, fluyendo de regreso a casa. Aquí es cuando se recobra la confianza, la confianza de sí.

Terapia de la confianzaLa única terapia válida es la de la trascendencia. Un terapeuta debe olvidarse completamente de todo conocimiento. Debe fundirse en la humildad y en el amor de la comprensión.

¿Acaso crees que la auténtica libertad puede ser impuesta desde el exterior?

En tanto exista separación entre terapeuta y paciente, jamás sucederá la terapia. Es la completa disolución de los personajes lo que abre el canal de la real curación. En la simbiótica esencialidad, la magia de Ser acontece.

Es así como el diálogo sucede. Terapeuta y paciente reciben tanto de este verdadero intercambio, que son, ambos, profundo agradecimiento y completa satisfacción.

Si aún pulsa en ti la necesidad de ayudar, revisa primero tu capacidad de fundirte en la experiencia de la trascendencia de los roles.

¿Qué clase de necio cree más en la intervención que en el sentido de Unidad?



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