Un respetable pacto de muerte

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Los gemelos belgas Marc y Eddy Verbessem llegaron al Hospital Universitario de Bruselas junto a sus padres y su hermano mayor, Dirk. Los cinco estaban relajados. Hablaron largamente. Tomaron café. Se abrazaron. Se dieron las manos. Luego llegó el médico y separó a los gemelos de sus familiares. Se dieron las manos nuevamente. Según el doctor, la separación fue serena y hermosa.

Marc y Eddy no padecían ninguna enfermedad terminal ni dolor físico, sin embargo, con apenas 45 años de edad, decidieron someterse a una eutanasia conjunta el pasado 14 de diciembre. En Bélgica, esa práctica es un derecho desde 2002.

Estos gemelos, sordos de nacimiento, se criaron juntos y se ganaban la vida gracias al oficio de zapatero. Compartían la misma vivienda. Eran inseparables. Pero hace algunos años le diagnosticaron una enfermedad ocular degenerativa. “Somos sordos pero al menos podemos vernos”, le dijeron a su doctor. Estaban perdiendo la visión poco a poco, y el no verse no podían soportarlo. Así no querían vivir.

A estas alturas del texto quizás estés pensando: “qué horrible”, “pobrecitos”, “pero por qué no lucharon”, “hay muchos sordos y ciegos en las calles”. Pero te invito a profundizar más el asunto. Hay daños psicológicos que son implacables, y, seguramente, este fue uno de esos casos. Hay dolores más fuertes que una enfermedad terminal, por eso no podemos ver la muerte siempre como una tragedia.

Dirk, hermano mayor de los gemelos, señaló que, debido a la ceguera, ya no serían independientes y tendrían que irse a alguna institución que se hiciera cargo de ellos. Y agregó: “a veces creo que si tuvieran mujeres o hijos tendrían algo por lo que vivir”. Pues no necesariamente tiene que ser así, porque quizás para Marc la vida era una motivación gracias a Eddy, y viceversa. No sólo se tienen ganas de vivir cuando tienes esposa e hijos.

El médico encargado de presidir la eutanasia expresó que el día que los gemelos decidieron ponerle fin a sus días, estaban felices, y para él fue un alivio ver el final de sus angustias. Y así es, cada quien decide cómo ponerle fin a su sufrimiento y la mejor vía para ello. Es una decisión personal.
Para los gemelos Verbessem la muerte se convirtió en la mejor cura frente a esa angustia que no tenía remedio, que no tenía vuelta atrás. Una interesante y sorprendente historia con muchísimas reflexiones, pues a veces, hay lazos tan fuertes que generan sentimientos como el de estos mellizos.

 



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