Reflexión sobre la muerte

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“Me declaro incompetente en esto de entender la muerte. Hoy se fue Lourdes Valera y no, no lo entiendo”. (@anamariasimon).

Confieso que al igual que Ana María Simon, locutora y actriz venezolana, yo tampoco comprendo en el sentido lógico, la muerte, y como ella, me declaro incapaz. Cuando se pierde a esa persona amiga, familiar, compañera de vida, de risas, lágrimas, chismes, fiestas, sea como fuere, quisiéramos entender lo ininteligible y buscar explicaciones a un misterio que sigue sin entregar su secreto a ningún mortal.

En estas situaciones, ni la generosidad, ni las palabras de aliento consuelan: han perdido su norte. Y así hacen acto de presencia la tristeza, la desolación, el asombro, la pesadumbre. Se van nuestros seres queridos, nuestros seres necesarios y nos quedamos ausentes nosotros mismos, desconsolados, más huérfanos, más ateridos. Y entonces la vida se ubica en esa región donde la brisa y el mar carecen de horizontes.

consuelo pareja

Pasado los días, logramos asumirlo, más no entenderlo. No nos conformamos con su partida. Es precisamente en este momento cuando debe hacer acto de presencia la fe en nuestro corazón para que Dios pueda explicarnos el por qué se llevó a su casa a ese ser querido y nosotros nos quedamos con un dolor profundo en el alma.

Sólo Dios puede contarnos el motivo del viaje y consolarnos con esas palabras divinas que únicamente ÉL sabe decir. Él o ella están allí, en nuestro recuerdo, en nuestro corazón. Su viva forma de hacerse sentir invita a sumar razones para ser feliz. Comienza ahora un silencio llamado eternidad. Pero nos queda su radiante vida. Una vida que nos recuerda que no hay un adiós posible.

Decía San Agustín: “Cuando tenga que dejarte por un corto tiempo, por favor, no te entristezcas, ni derrames lágrimas, ni te abraces a tu pena a través de los años. Por el contrario, empieza de nuevo con valentía y con una sonrisa por mi memoria y en mi nombre y haz todas las cosas igual que antes, no alimentes tu soledad con días vacíos sino llena cada hora de manera útil. Yo estaré cerca de ti y nunca tengas miedo de morir porque yo estaré esperándote en el cielo”.

El hacer de ese ser querido no volverá, pero podremos fortalecernos con su recuerdo y por ello es importante que no dejemos de pensar, día tras día, que el cielo lleno de amor y sin tristeza, le dará la más calurosa bienvenida. Ese gran lugar es un regalo y ese regalo en esta tierra es permanecer en los corazones de los que lo (la) han querido. Eso significa ser eterno y la eternidad es inmortal.

 



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