Una reflexión sobre “la realidad”

La palabra reflexión en epistemología significa: representación de la realidad. Qué desafío abordar una reflexión desde esta perspectiva, pensar que este asunto de la realidad habitualmente es tomado a la ligera, de hecho la mayoría de las personas consideran que la realidad es exclusivamente aquello que se posa delante de sus ojos como meras “formas e imágenes”, o como todo aquello que es capaz de ser  “pasado” por los sentidos. Mi pregunta es: ¿Existe la realidad independientemente de mí? ¿Podemos afirmar que la realidad es una serie de sucesos ajenos a mi, y que, como consecuencia de ello, sencillamente se trata de manifestaciones externas?

No es una idea descabellada intentar responder a estas preguntas con la mayor sinceridad posible. Que la realidad existe no caben dudas, pero ¿Existiría si no existiera quien pudiera experimentarla? ¿Cómo es posible que aquello que observo “sea”, si yo “no soy”? Este trabalenguas no intenta volverte loco, por el contrario es lo más cercano a la coherencia que existe. Si estás observando un árbol, y ves lo maravilloso que es, con sus verdes hojas hamacadas por el vaivén de una suave brisa de primavera, si además puedes oler el aroma de sus frescas flores impregnadas de rocío, si eso sucede es porque está ahí, porque es real, ¿verdad?; ahora te pregunto ¿Qué sería de ese instante sin tu presencia? En mi opinión ni el instante existiría, menos aún una realidad posible.

Mi reflexión al respecto es:

Todas las manifestaciones están supeditadas a una única condición, preexistente y esencial: ¡Que tú existas!

Mas me atrevo a preguntar: ¿Qué es la realidad sino un fiel reflejo de nosotros mismos manifestados en la existencia? Aquí sí que hay coincidencia, pues “reflejo” es, sin dudas, raíz etimológica de reflexión. Este descubrimiento me ha llevado a realizar una observación que me gustaría compartir con ustedes:

“Cuando reflexiono, fusiono a la realidad en mi mismo, más mi conclusión no puede ser otra cosa que un reflejo de lo que yo soy, pues aquello que es observado está condicionado por quien observa, es decir que antes de ser realidad no ha sido más que yo mismo en un estado informe”.

Los grandes místicos más emblemáticos de todos los tiempos aseguraban que la experiencia de la realidad auténtica no puede ser transmitida a través de las palabras, por lo cual siempre ofrecían sus enseñanzas induciendo a sus discípulos a “experiencias directas” de auto-descubrimiento, de modo que quien no mirara hacia adentro y se identificara con su esencia, jamás podría comprender cabalmente “el afuera” como manifestación de la realidad. Si yo “No Soy”, nada “Es” entonces.

Mi última pregunta en busca de reflexión, en busca de realidad es:

¿Cómo es posible que en una actitud descarada de justificación de lo injustificable, depositemos en los demás, mediante una transferencia de responsabilidad, las causas de nuestro sufrimiento y de nuestras penas?

Yo soy la realidad que busco, mas soy también la realidad a la que rehúyo.



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