Vivamos con la esperanza en ON

Según la mitología griega, Elpis es la deidad que representa la esperanza. Usualmente es descrita como una mujer que carga flores y la cornucopia (cuerno que simboliza la prosperidad y afluencia). En el mito de Pandora, fue la única que quedó en el ánfora una vez que este fue abierto y escaparon todos los males.

Aristóteles decía que la esperanza es el sueño del hombre despierto. Es un estado de ánimo optimista que surge del deseo de alcanzar algo que queremos. En el cristianismo se define como una virtud, de que Dios dé los bienes que ha prometido. Esta virtud es la que le permite al hombre pasar del suceso o acontecimiento al ser y existir.

La palabra esperanza siempre estará asociada a vitalidad porque es una fuerza interior que nos permite alcanzar metas y objetivos, ser mejores, tener lo que creemos merecer y hacer lo mejor por nosotros y por el entorno. Muchas veces nos ahogamos en la desesperanza cuando nuestros planes no salen como queríamos o en el tiempo estimado.

A veces es necesario esperar y siempre, siempre, mantenernos firmes en ese proyecto que nos hemos trazado.

En este aspecto, Samuel Jhonson (1709-1784), escritor inglés, decía: “Es necesario esperar, aunque la esperanza haya de verse siempre frustrada, pues la esperanza misma constituye una dicha, y sus fracasos, por frecuentes que sean, son menos horribles que su extinción”.

Ahora bien, la esperanza no es sentarse a esperar que lo que queremos nos llegue a la puerta. Es otra cosa, es salir, ocuparnos y enfocar todas nuestras acciones y pensamientos en alcanzar ese objetivo, actuando siempre con el mayor optimismo posible y superando los tropiezos que podamos tener. La clave para ser exitosos en la consecución de un proyecto individual, familiar y colectivo, está en levantarse luego de una caída, quitarse el polvo y seguir adelante, atentos, conscientes y con la mirada puesta en el camino que nos llevará a nuestro objetivo aunque este aún no se divise en el horizonte.

Cuando nos sucede algo que va en contra de nuestros planes, una adversidad, es lógico que nos sintamos tristes, que decaigamos en nuestras acciones y pensamientos. Es un sentimiento que debemos aceptar y vivir. El error está en quedarnos allí y autosabotear nuestros planes iniciales. Es aquí donde debemos activar nuestra potencia de obrar, es retomar la insistencia del deseo, de trascender, de ser activistas en la construcción de nuestro bienestar.

La esperanza es el motor del progreso, entendiéndose este desde un punto de vista holístico que abarque el crecimiento espiritual, la salud física y todo aquello material que te permita vivir con dignidad. La esperanza, para que dé frutos, debe entenderse como un concepto dinámico y no como algo ilusorio de esperar a que las cosas sucedan por sí solas.

Por último, Khalil Gibran (1883-1931), ensayista, novelista y poeta libanés, nos dice: “En el corazón de todos los inviernos vive una primavera palpitante, y detrás de cada noche, viene una aurora sonriente”. Así que activémonos y levantémonos en búsqueda de nuestros objetivos, viviendo un día a la vez, atentos a nuestro interior y a la vez con lo que sucede a nuestro alrededor y siempre, con la mirada puesta en el horizonte.



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