¿Vives tus sueños o te duermes en ellos?

Vives tus sueños o te duermes en ellos

“Vive la vida que has imaginado”. Thoreau

¿Es este tu caso? Si es afirmativa tu respuesta, ¡felicitaciones!, representas un porcentaje mínimo en la población, pero que está comenzando a despertar.

Si la respuesta es negativa hay que parar un momento la marcha, ser honestos contigo mismo y revisar qué es lo que sí se parece a esa vida que has imaginado y lo que no.

No hay varitas mágicas, ni baños, sahumerios o velas que cambien una situación de insatisfacción (aunque ya estés resignado a ella) a otra de plenitud y bienestar. Es un deber para con nosotros mismos el entrenar nuestro cerebro.

El cerebro está ahí para protegerte desde su parte más instintiva ante situaciones de ataque, de supervivencia; para mantenerte a salvo de algo que percibe como peligro. El peligro puede ser una amenaza de un animal feroz o de la violencia que hay a nuestro alrededor. A eso hay que sumarle los peligros que te rodean en forma humana: compañeros de trabajo, amante, familia, etc. El cerebro, como buen conductor que es, además mantiene nuestro organismo funcionando aun sin darnos cuenta, haciendo que inconscientemente el corazón lata y los pulmones trabajen en su labor de respirar y oxigenar cada parte del cuerpo.

Dentro del cerebro hay un complejo mecanismo de conexión entre las neuronas las cuales son las responsables de la captación e interpretación de los estímulos internos y externos, y esto lo hace a través de las dendritas y el axón. Adicionalmente, se encuentra un poderoso elemento: la amígdala cerebral. Ella es la encargada de disparar la adrenalina según las reacciones físicas o emocionales que le llegan a través de la percepción de las neuronas (incluyendo el miedo o situaciones agradables). Pero… si hay una exposición prolongada a emociones de supervivencia la amígdala está constantemente en estado de alerta y hace que el cuerpo actúe en consecuencia (con violencia, con retraimiento, con reacciones espontáneas o aparentemente sin sentido como, por ejemplo, ataques de pánico aun cuando no hay una situación real).

Perdonen la larga explicación, pero la consideré necesaria como guía para identificar casos que requieran de ayuda profesional mas allá de los libros de autoayuda. Así que partiendo del principio de que tenemos salud física y mental, cerrar esa brecha de la que hablamos al principio depende únicamente de nosotros mismos, construyendo el puente de forma consciente: cambiando el foco cuando la mente comienza a elucubrar buscando razones o culpando a un afuera por nuestras desgracias, o lo que es lo mismo, buscando enemigos para poder ponerse en guardia.

Debemos aprender a ver las cosas como son, sin juzgarlas o catalogarlas como buenas o malas.

A veces cambiar de lugar físico ayuda (te lo dice alguien que se ha mudado más de cinco veces en un año reduciendo mis pertenencias a solo cuatro maletas). Eso te ayuda a liberar las cargas (sobrepeso de equipaje) y a soltar apegos a las cosas o personas para poder desarrollar nuestra capacidad de decisión; a soltar recuerdos que nos pesan tanto que nos hacen arrastrar los pies, lo que nos permitirá retomar nuestra libertad personal. Pero no es necesario moverte de lugar físico si no has identificado eso que quieres sentir como plenitud.

Probablemente ese camino hacia donde queremos ir tenga sus trampitas y desvíos en los cuales nos perdemos. Aquí podemos detenernos a llorar y regresarnos cabizbajos culpando a todo y a autoflagelarnos por no haberlo logrado, en vez de mirar hacia adelante y replantearnos la ruta como si fuera un GPS. No hay caminos fáciles o difíciles: hay caminos, y nuestra tarea es transitarlos sin etiquetarlos como buenos o malos.

A veces un torbellino acaba con todo lo conocido, aleja a algunas personas, atrae a otras y cuanto más relajados estamos, comprendemos que no existe eternidad (como decía Héctor Lavoe). Aprendemos así la magia que nos ofrece cada momento.

¿Qué nos puede ayudar?

.- Yo encontré en la meditación un aliado: respirar conscientemente y ser observador de los pensamientos que pasan sin cesar. Si al principio te resulta complicado, trata de mantener este estado por lo menos un minuto para luego, asumiendo una postura de éxito, repetir afirmaciones que comiencen con el YO SOY y añadiéndole cualidades que te recuerden tu poder y valor para seguir. Por ejemplo “YO SOY aún más exitoso ahora”. Importante que la cualidad que defina el YO SOY sea siempre en positivo y en el ahora. Como vimos antes, el cerebro trabaja en automático y es nuestra función entrenarlo para que responda distinto. (Insisto en la importancia de visitar a un especialista si se experimentan estados de pánico o depresión prolongados).

.- Tu postura física: erguido (sin ser acartonado), espalda recta pero cómoda, sacar un poco el pecho (ojo chicas es solo un poco) para enderezar la columna de manera de hacer que la energía fluya y programarla como nuestra postura de éxito (el cual es medido con tu baremo, no con el de los demás).

La vida nos seguirá poniendo obstáculos para probar qué tanto queremos lo que queremos y qué tan dispuestos estamos a batir los huevos para hacer el omelette (parafraseando a Ruben Blades).

Depende solo de nosotros cómo queremos vivir esos obstáculos.

Recuerda la alineación de tu mente y tu cuerpo, y recuerda que nunca es tarde para comenzar.



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