“Slow Culture” es un movimiento que exalta la lentitud, que busca que las personas aprendan a apreciar la calidad de sus momentos y promover un aire de calma en nuestras actividades. Esta propuesta la podemos asumir de manera gradual, hasta incorporarla de a poco, para así apoderarnos del tiempo, en lugar de arrojarnos a su tiranía.
La vida cambia cuando aprendemos a disfrutar de cada uno de los momentos: las comidas, los paseos, contemplar el atardecer. La ‘Vida Slow’ no significa pasividad: persigue una redistribución de la energía vital con el fin de alcanzar una mejor calidad de vida.

Debemos mantener presente que el estrés crónico agota y debilita nuestras defensas, así que resulta fundamental que aprendamos a medir nuestras emociones (autoevaluarnos) para hacer algo al respecto (autoregularnos). Una práctica interesante es verificar nuestras sensaciones antes y después de compartir con las personas que nos rodean.
El niño y los dulces de Esopo
Un niño metió su mano en un recipiente lleno de dulces. Y tomó lo más que pudo, pero cuando trató de sacar la mano, el cuello del recipiente no le permitió hacerlo. Como tampoco quería perder aquellos dulces, lloraba amargamente su desilusión. Un amigo que estaba cerca le dijo: “Confórmate con la mitad y podrás sacar la mano con los dulces”.
El aprecio por la lentitud ha estado presente desde siempre. Aquí podemos apreciar algunas expresiones de filósofos y escritores de todos los tiempos:
“La prisa y el necio se topan frecuentemente”. Doménico Cieri
“De nada sirve correr, lo importante es partir a tiempo”. Jean De La Fontaine
“El hombre vulgar, cuando emprende una cosa, la echa a perder por tener prisa en terminarla”. Lao Tse
“Los que emplean mal su tiempo son los primeros en quejarse de su brevedad”. Jean De La Bruyere
“No digas que te falta tiempo, tienes exactamente el mismo número de horas al día que las que recibieron Helen Keller, Pasteur, Miguel Ángel, la Madre Teresa de Calcuta, Leonardo Da Vinci y Albert Einstein”. H. Jackson Brown







