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Yin yan yoga: Descubriendo tu polaridad femenina

La práctica de esta milenaria disciplina llegó a nuestro continente para quedarse; convirtiéndose en la primera disciplina de origen oriental, más practicada en occidente; donde ha sido acogida predominantemente por el sexo femenino con 70% de las participantes en las salas de yoga. A diferencia de oriente, específicamente India, su país de origen, donde milenariamente ha sido practicado por hombres. Esta maravillosa disciplina que carece de género, pudiendo hablar de “el yoga” o “la yoga” y que plantea que todo en la Creación posee dos polaridades: femenina y masculina; ha dejado poco espacio para que las mujeres asuman roles importantes de gurús o guías espirituales. Comparado con la inmensa cantidad de hombres que dedican su vida a enseñar esta filosofía nos pudiera dar la idea de que se trata de una disciplina más YAN (energía masculina) que YIN (energía femenina): pero si indagamos en su esencia, pareciera ser lo contrario y su evolución resulta perfecta tal y como es.

En lo físico

La práctica del YOGA físico tan popular con sus asanas (posturas); logra desarrollar entre otras valencias la flexibilidad; la cual resulta a las practicantes del sexo femenino más fácil de conquistar debido a su anatomía intrínseca: mayor secreción de estrógeno lo cual deriva en una retención de agua mayor; que le confiere al tejido menos densidad y con ello mayor extensibilidad, un porcentaje de grasas más elevado y una menor masa muscular que el hombre. Sin embargo a través de la constancia, el hombre practicante desarrolla por igual estas condiciones y ambos logran moldear sus cuerpos; re-definiéndolos interna y externamente; convirtiéndolos en cuerpos funcionales: fuertes, flexibles, adaptados  y eficientes; capaces de enfrentar las demandas diarias de estrés y fatiga; minimizando el riesgo de lesiones. Así con la práctica constante el cuerpo se moldea, fortalece y suaviza a la vez; dando una línea definida muy particular, que alude a figuras y contornos sutiles que se alejan del principio de gran volumen muscular y ángulos cerrados en su constitución músculo/articular. Si vemos el cuerpo de un practicante de pesas y el de un practicante de yoga, claramente notaremos la diferencia. Esta cualidad, sin duda, vibra en la polaridad YIN (aspecto femenino).

En lo mental y emocional

Socialmente las mujeres incluso se autodefinen mentalmente más complejas, además de emocionales y sensibles; con respecto a los hombres. Pudiéramos alegar que es parte de su naturaleza intrínseca. La exclusividad femenina de la maternidad ya confiere un significado más profundo sobre todo en lo concerniente al reino de las emociones. El yoga ofrece la posibilidad de experimentar una conexión mente-cuerpo a través de la respiración que va logrando la re-educación progresiva tanto de la mente como de las emociones y los sentidos. Los practicantes de yoga descubren a través de la constancia, que pueden llegar a convertirse poco a poco en dueños de sus emociones y deseos, pasando de la esclavitud al dominio de este poderoso flujo de energía; a través de la humildad, el desapego y una refinada sensibilidad. Lo interesante es observar en el proceso como a los practicantes hombres se les puede hacer un poco más fácil alcanzar este estado, incluso más que a las propias féminas; pues una vez que logran romper sus habituales marcos mentales y patrones de conducta (muchos de ellos impuestos); su percepción de sí mismos y su entorno, se transforma y con ellos su consciencia; dejando abierta al hombre la posibilidad de reconocer y entrar en contacto con su polaridad femenina.

Es así como hombres y mujeres, practicantes de esta milenaria disciplina, logran percibir en sus vidas con menor o mayor intensidad un auténtico re-equilibrio entre ambas polaridades. Yoga viene a funcionar como un regulador de esta corriente YIN-YAN (femenino-masculino), HA-THA (sol-luna) ALFA-OMEGA, FUEGO-AGUA, POSITIVO-NEGATIVO; acercando a ambos a experimentar una conciencia más compasiva, creativa, desapegada, sensible, infinita y universal.

Así pues podemos dilucidar que Yoga es para la mujer tanto como para el hombre; para el adulto tanto como para el anciano; para el joven o para el niño, para el atleta o para el sedentario; yoga es para todos. Según el esfuerzo y constancia que depositemos en nuestra práctica, así mismo obtendremos los beneficios y resultados. Pero será mucho más sencillo cuando reconozcamos, nos acerquemos y vibremos un poco más, con el aspecto femenino de Dios que habita en cada uno de nosotros.

 



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