10 claves para educar las emociones

10 claves para educar las emociones
¿Se pueden educar las emociones?

No hay ningún momento de cada día en que un ser humano esté libre de sentir emociones, aunque no sea consciente de ello ni sepa identificarlas. Todo lo que vivimos tiene su origen en una emoción, y de su gestión apropiada depende en gran parte cómo nos sentimos y los resultados que obtenemos.

Muchos hemos sido entrenados para no sentir, como si se tratara de algo negativo o que hubiese que tapar. Hoy, el universo emocional de las personas (y en conjunto, también en las empresas y organizaciones de todo tipo) tiene el protagonismo.

En el mundo del desarrollo del talento se llaman “competencias” a las habilidades con que cuenta una persona para desenvolverse en el mundo profesional; podemos aplicarlo también a la vida personal.

Así como de niños se nos enseñó una gran cantidad de información por distintas vías —en la familia de origen, con los compañeros en el infantil y la escuela, en los juegos con amigos—, es posible incorporar de adultos la gestión de las emociones como una de las competencias clave para el mundo laboral actual, donde se buscan personas con un cincuenta por ciento de conocimiento técnico en la materia, y el otro cincuenta, con habilidades blandas (soft skills) muy desarrolladas.

Por ejemplo, una persona que en su ámbito de desempeño manifiesta permanentemente ira, enojo, decepción, frustración, tensión y se encierra en sí misma seguramente tendrá más problemas para llevar adelante sus responsabilidades que otra que coopera, es optimista, comunica sus logros, acepta los desafíos, resuelve problemas, trabaja en equipo y aprende del proceso. Todos estos aspectos se pueden desaprender y volver a aprender al educar las emociones.

• Las 10 claves

Daniel Goleman, el padre de la inteligencia emocional, dijo que “en el mejor de los casos, el coeficiente intelectual parece aportar tan solo un 20 % de los factores determinantes del éxito”. Por lo que el otro 80 % depende de una apropiada gestión de las emociones en todos los campos de la vida. Esta guía puede ayudarte:

  1. Identifica tus emociones. Las emociones son como una paleta de todos los colores posibles. Ante las situaciones de la vida, identifica qué es lo que sientes internamente; ponle un nombre, y de esta manera desarrollarás mayor asertividad para expresar lo más apropiado para ti.
  2. Pregúntate: “¿cómo me siento?”. En vez de agotar el ciclo de autoconocimiento con el típico “me siento mal”, ve más profundo dentro de ti y hazte otras preguntas que te ayudarán en ese buceo interior: ¿qué estoy sintiendo en este momento?, ¿en qué lugar físico del cuerpo lo siento?, ¿cómo influye esto en mis pensamientos?, ¿para qué me sirve esto que siento? Así podrás ir quitando capas de una cebolla al ir paso a paso buceando e incorporando la diversidad y profundidad de respuestas esenciales.
  3. Siente en vez de analizar tanto las cosas. Hoy las cosas están cambiando, y es honesto y necesario animarse a transmitirlas para abrir y dejar espacio para que entren nuevas experiencias.
  4. Las emociones son, simplemente son. Para categorizarlas y facilitar su comprensión y encuadre las llamamos negativas y positivas; aunque en verdad, el universo emocional es, y desde su manifestación con experiencias gratas o desagradables, siempre vienen a enseñar algo.
  5. Equilibra la educación emocional entre las positivas y negativas. Otro comportamiento heredado que tiene su origen en la reacción ancestral de defensa o huida de los problemas es que las personas tendemos a enfocarnos más en lo negativo que en lo positivo más del 90 % del tiempo. Imagina el resultado.
  6. Habla de emociones con total naturalidad. No esperes los momentos difíciles o desesperados para expresarlas: incorpóralas en tus charlas, en el trabajo, con tus amigos; son una parte tuya, indisoluble. “Me siento de tal forma“, “esto impacta en mí…”, “estoy percibiendo que…”, “por debajo de la superficie siento que…” son algunas maneras de ponerles voz.
  7. Comprender las emociones. Una creencia de infancia, y que se puede haber convertido en un paradigma al no cuestionarla, es que si comprendes algo automáticamente, se transforma en un comportamiento, algo que harás repetidamente. El comprender te servirá para encontrar el sentido, y luego elegirás qué hacer con eso; determinarás si es funcional o no.
  8. Desarrolla la empatía. Una gran clave de la gestión emocional es la empatía, la habilidad de ponerse en los zapatos de los demás para entender qué le pasa al otro sesgo cognitivo. Te ayudará preguntarte: “¿qué me pasaría a mí si estuviese en (tal) situación?”, “ella/él se siente así por…”, “¿cuáles serían mis emociones ante una situación parecida?”.
  9. Llevar un diario de emociones. Cuando estamos trabajando en nuestro desarrollo personal, puede ser útil que vuelques por escrito lo que vas sintiendo. En este caso te sugiero elaborar una lista diaria de las emociones más frecuentes colocadas en dos columnas que identificaremos con los signos + y -, donde agruparás lo que vas percibiendo e indagando.
  10. Haz trabajo interno. Para la gestión emocional será sumamente útil que te embarques en tu autoconocimiento. Meditación, mindfulness, coaching, psicoterapia, rezar, espacios de silencio, respiración, pasar tiempo en la naturaleza, hacer ejercicio físico consciente… Busca la disciplina que mejor se adapte a tu estilo de vida y utilízala como un escalón de aprendizaje de tu mundo emocional.

Imagen de Gino Crescoli en Pixabay



Deja tus comentarios aquí: