15 formas de vencer el miedo al hablar en público

Para muchas personas uno de los desafíos más recurrentes a la hora de pararse frente a un pequeño grupo o un gran auditorio, es el miedo de hablar en público. Si bien es una situación que suele ser algo estresante hasta para quienes somos comunicadores y oradores experimentados, es posible entrenarse, aprender y desarrollar esta habilidad que traerá muchos beneficios inmediatos, entre otros: la posibilidad de transmitir más claramente las ideas y conceptos, establecer nuevas redes de contactos, compartir nuestro tema con solvencia y fluidez, y, sobre todo, vivir la presentación como una instancia de crecimiento personal y profesional.

En esta entrega, encontrarás 15 formas de vencer el miedo al hablar en público. Si los adoptas y desarrollas paso a paso, y, sobre todo, los pones en acción, muy pronto podrás sentirte con serenidad al afrontar tu próxima salida a escena:

  1. Vístete bien y camina decidido hacia el frente. Es bien sabido que no hay dos oportunidades para causar una primera buena impresión; por lo que utilizar la vestimenta apropiada al evento o público al que vamos a dirigirnos, es una gran clave que ayuda a “romper el hielo”. El caminar decidido sobre el espacio que disponemos, también es determinante de la empatía que deseamos lograr en los primeros dos o tres minutos, que son el escaso tiempo en el que tu auditorio se formará una opinión acerca de ti.
  2. Comienza con una sonrisa y dirige tu mirada a varias personas, nunca a una sola, ni al fondo o infinito, o al micrófono. Sonreír es quizás la llave más importante para entrar en el mundo del otro. No cuesta nada y abre prácticamente todas las puertas que puedas imaginar. Saluda, agradece, e introduce brevemente el tema. Mira a los ojos, que es otro potente llamador de atención para establecer rapport con tu público. Detecta dos o tres personas que te ayudarán con su mirada mientras vas exponiendo: estas ‘anclas’ pueden convertirse en tu salvavidas en momentos en que te pierdas, o necesites recobrar tu autoconfianza.
  3. No distraigas al auditorio con algún detalle de atuendo, o al jugar con algún objeto. La vestimenta sobria y neutra es lo más indicado. En las damas, por ejemplo, el exceso de brillo o alhajas distrae y además, suele producir ruido con los micrófonos.
  4. No diga absolutamente todo lo que se sabe, para permitir al público hacer preguntas y participar. Prepara la presentación por lo menos 15 días antes. Establece un inicio, nudo y conclusión; y pequeñas unidades de sentido entre un tramo y otro. Recapitula (haz un balance breve) antes de seguir al siguiente punto. Esto es determinante de tu éxito.
  5. No trates de aprender de memoria el discurso, porque si se olvida de algo te pondrás nervioso y será difícil continuar. Aprende solo el esquema de su discurso; ya que, si dejas fuera una idea o concepto, nadie más que usted lo notará. Una tendencia de quien no prepara las presentaciones en público es a abrumar con la cantidad de información que se expone. La sugerencia es: no más 5 ideas centrales y fundamentales; si fuesen 3, es mucho mejor. Evita los PowerPoints excesivamente escritos; y, mucho menos, leerlos mientras expones. Deben ser material de apoyo, pero no te reemplazan frente al público. Por ejemplo, utiliza siempre lo visual (proyecciones, pizarras, apuntes que distribuyas entre los participantes), lo auditivo (linda música, videos atractivos con hermosas canciones y mensajes; tus propios tonos de voz –llamados técnicamente ‘matices’-) y lo kinestésico (es decir, lo corporal, los gestos, las emociones, y lo que despiertas casi sin darte cuenta; como cuando vas creando climas durante tu presentación).
  6. Nunca lea el discurso completo frente al público. Esto se percibe como una falta de seguridad. Lo que sí es recomendable es que tengas a mano una guía, que puede estar en un documento sencillo, donde apuntes sólo lo esencial y en la secuencia en que debas exponerlo. Si por algún motivo debes leer sí o sí, toma algunos momentos para mirar al público e intercala pequeñas improvisaciones. Esto le da mayor verosimilitud a lo que expongas.
  7. Piense en ideas, no en palabras.
  8. Evite muletillas. Para esto hay que ejercitarse: utiliza frases puente (por ejemplo: “es interesante lo que usted consulta”, “sin embargo, me gustaría puntualizar que…”) ya que te darán tiempo para procesar la mejor respuesta en tiempo récord, y hará más fluida tu intervención.
  9. No te preocupes por tus nervios, utilízalos para exponer con más seguridad. Si preparas tu discurso, te sentirán confiado porque domina el tema. Por ejemplo, arrancar diciendo “Disculpen, pero estoy muy nervioso…” te hará retroceder 10 casilleros en este juego que es la oratoria. En cambio, muéstrale seguro, bien parado y anclado en lo posible en el centro del espacio de que dispones (si es que no te sientes seguro para desplazarte). Siempre recomiendo la opción de estar de pie, en vez de sentados, al exponer. Te permitirá “leer” mejor a todo el auditorio.
  10. Ten seguridad y confianza en lo que dices. Este punto es clave, porque si las personas detectan un punto de inseguridad en tu voz; si ven que estás transpirando, o que tomas agua con demasiada frecuencia, ese mismo nerviosismo se trasladará a tu platea, y será como un boomerang para ti.
  11. No hables demasiado, sé breve. Aquí aparece otro error frecuente de los oradores poco experimentados. Se piensa que por decir las cosas con mayor extensión, o poner ejemplos muy rebuscados, se transmite una sensación de supuesto dominio del tema. Todo lo contrario: el que sabe de lo que habla, no necesita dar muchas vueltas. Va directo y al grano. Por eso, si preparas tu discurso como comentamos más arriba, es necesario que lo ensayes al menos 3 veces antes de exponer. Y de la versión inicial, se sugiere que vayas quitando toda la información innecesaria y que no haga a la esencia del tema.
  12. Busca un título atractivo: el motivo del encuentro puede ser espectacular; tu charla, una de las más convocantes y esperadas. Aunque si el título de la exposición es más de lo mismo, ya tienes puntos en contra. Utiliza tu creatividad e innovación para titular en forma atractiva. Piensa que es una película o un libro, que deseas que impacte en una gran cantidad de gente. Capta su atención desde el primer minuto, y los tendrás todo el tiempo contigo.
  13. Aprende a abrir espacios de preguntas y respuestas. Toda participación del público es bienvenida, siempre que no te saque el eje, y luego no sepas como volver. Hay muchas técnicas para tomar preguntas: desde pedirles que las preparen por escrito y se responderán al final de cada bloque; hasta anunciar desde el comienzo que al final tendrás un espacio para el intercambio. Si interrumpes tu presentación con frecuencia, se pierde el hilo de lo que dices, y la gente se aburre, porque no todos estarán interesados en lo que se consulta. Sin embargo, puedes impulsar preguntas retóricas (esas que se responden con un “sí” o “no”) para motivar la participación del público (tema que abordaremos en próximos artículos).
  14. Utiliza un lenguaje coloquial, directo y afirmativo. Cuando más simple, mejor. Si visitas otro país, lee los periódicos del día y asesórate de la contingencia del momento: siempre habrá un espacio para intercalar algo de actualidad, por las duro que sea tu tema.
  15. Usa un estilo inclusivo para que el público se sienta partícipe. Utiliza el lenguaje del público. Por eso, una de las primeras máximas es: conoce a tu público. Debes saber de antemano su edad y cantidad aproximada, ¿Vienen espontáneamente o por obligación? ¿Están con otras charlas antes o después de ti? ¿Ya tienen experiencia en el tema que expondrás? ¿Hay algún aspecto especial que puedes averiguar con los organizadores? ¿Ha ocurrido algo en la sala de conferencias durante el día, que debas saber? Todo esto es fundamental a la hora de abordar ltu presentación, y, sobre todo, disfrutarla de principio a fin.

Aquí compartimos esta frase de Churchill sobre como preparaba sus discursos. Confía en ti: es la mejor clave para convertirte, paso a paso y mediante la práctica continua, en un orador altamente efectivo.

“Si tengo que dirigir un discurso de dos horas, empleo diez minutos en su preparación. Si se trata de un discurso de diez minutos, entonces me lleva dos horas”. 

Winston Churchill.



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