3 herramientas para manejar el estrés en tiempos de crisis

El estrés aparece cuando los niveles de exigencia de la vida son más altos que las capacidades físicas, mentales o emocionales que se disponen para afrontarlas.

Pensamos que sabemos manejar hábilmente los estresores de la vida moderna, qué tenemos todo bajo control e intentamos llevar una vida “normal”, mientras  nuestro organismo se encuentra a la defensiva y alterado.

El estrés se acumula porque no  escuchamos  las demandas naturales de nuestro cuerpo, no procesamos las emociones y no resolvemos los problemas que tenemos. También, éste puede desencadenarse tras un evento puntual intenso como una enfermedad, la ruptura de una pareja, problema económico o situaciones del entorno país, etc, en las cuales podemos  sentirnos desvalidos de recursos o impotentes para actuar o solucionar.

En estos casos, muchas personas en lugar manejar las situaciones, usan paliativos tales como comer en exceso, entregarse a una actividad sin límites (trabajo, juegos, internet, información, etc.) consumir tranquilizantes, exceso de café, cigarros, drogas, pastillas, etc., hasta que el organismo no soporta más y empieza a manifestar diversos síntomas y malestares físicos, emocionales y mentales. Estos síntomas hacen que la persona recurra a varias visitas al  médico, quien tras realizarle una gran batería de exámenes que salen bien, le informa: “Usted lo que tiene es estrés”.

Por eso, aparte de buscar ayuda y  practicar técnicas como respiración,  yoga, ejercicios, etc., es importante disponer de recursos para saberse manejar en situaciones apremiantes que disminuyan el impacto del estrés, a continuación te ofrezco 3 herramientas para afrontar las experiencias exigentes, o crisis:

  1. Elegir: identifica si el evento que enfrentas está dentro de tu ámbito de acción poder resolverlo o no, si puedes colaborar en la solución y si te corresponde o no. Pregúntate: 1. ¿Estos hechos están bajo mi control resolverlos o en manos de otros? ¿Cómo puedo colaborar o influir para la solución? ¿Si no puedo resolver, ni colaborar, cómo pudiera realizar alguna acción en una escala menor, por ejemplo en mí mismo, o en mi entorno inmediato, o simplemente soltar?
  2. Desafío: una cosa es el hecho en sí mismo y otra la interpretación que le das. Lo que más afecta al cuerpo es lo segundo, por eso desafía tu pensamiento reactivo y permítete re-interpretar de diferentes maneras la situación, eso te dará flexibilidad y serás menos vulnerable a tus propios pensamientos preestablecidos. Preguntarte: ¿Qué otra cosas puede significar esto que ocurrió?, ¿Cómo lo vería desde la acera de enfrente si no fuera mi situación?, ¿Cómo podría convertir este problema en una oportunidad útil?
  3. Congruencia: implica alinear tu pensar, hablar, sentir y actuar. Es revisar las reflexiones de las dos preguntas anteriores y buscar acciones concretas qué te permitan canalizar tus emociones o resolver los problemas de una manera constructiva. Por ejemplo, si sabes que tienes que descansar, o delegar: hazlo. Si te das cuenta que no puedes cambiar las conductas de otra persona, pero, puedes comunicarlo respetuosamente y dedicarte a cambiar las tuyas; o tal vez no puedas cambiar el mundo, pero sí puedes colaborar en mejorar las condiciones de tu entorno, busca una manera sana de participar. La acción congruente calma la mente, alivia el corazón y te llena de satisfacción.

Y ahora, si gustas, puedes comentar ¿qué eliges, cómo desafías tu reactividad y qué acción tomaría?



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