5 excusas para no meditar y cómo trabajar con ellas

5 excusas para no meditar y cómo trabajar con ellas

Sin duda alguna, uno de los grandes problemas de la meditación es su práctica regular. Cuando se trata de establecer cierto plan de continuidad, que es lo que verdaderamente puede brindarnos cambios neurofisiológicos y mentales, aparecen algunos obstáculos. Se perciben algo intensamente al principio, especialmente en quienes no tienen una adecuada guía y no saben que son normales y esperables, parte del combo general que experimentamos todos cuando practicamos meditación.

Por lo tanto, la propuesta es que los examinemos juntos y veamos caminos que ayuden a superarlos con atención plena.

Los 5 villanos de la práctica meditativa

Es muy esperable escuchar que las personas comenten algunas de estas situaciones desagradables:

  • Parece algo aburrido: como un alumno me dijo una vez: mindfulness no flashea. Es cierto, quizás no tiene el contenido de euforia y excitación que pueden tener otras actividades como el puenting (tirarse de un puente con los pies amarrados) o el running.
  • Ansiedad: no puedo quedarme quieto, necesito moverme, y este requisito de intentar inhibir el movimiento es difícil para mí.
  • Tiempo: no encuentro el momento diario para practicar, tengo tantas tareas diarias…
  • Soledad: prefiero actividades en equipo, estar con otros, la sensación de estar en silencio, solo, me produce cierto malestar.
  • La pereza y el sopor: cuando he meditado, he sufrido de cierta somnolencia y pesadez, con lo cual no sé bien qué sentido tiene seguir intentándolo.

Así las cosas, y considerando muy lógicas estas observaciones, veamos qué necesitamos para poder afrontarlas adecuadamente:

Los cinco antídotos para poder practicar

  • La experimentación sin objetivos. El aburrimiento puede ser explorado como una experiencia de la mente, no hay que asustarse, y experimentarlo. Es cierto, se percibe como desagradable al principio, pero nos da la pauta de cómo funciona nuestra mente: siempre buscando estímulos, adrenalina. Se trata de aceptarlo, reeducarlo, y enseñarle a la mente a convivir con esta experiencia.
  • La reeducación de la mente ansiosa. La ansiedad debe ser drenada, como el pus de una herida: se ha transformado en una pauta de la mente que necesitamos modificar. Para ello, el primer paso es aceptarla, convivir con ella, y mentalizarnos que con el tiempo disminuirá esta sensación, y seguramente aprenderemos a experimentar la paciencia, la calma y la espera confiada.
  • Priorizar las actividades diarias. Sabemos que el tiempo es finito. El día tiene 24 horas, no se trata de agregar la meditación como una práctica extra: es necesaria volverla una prioridad, aunque sea temporariamente. Si no hacemos consciente esta prioridad, difícilmente encontraremos tiempo para practicar. Nosotros preferimos hablar de “hacernos el tiempo”, de elegir intentarlo e intencionalmente organizar nuestro día. Inevitablemente, debemos dejar en segundo plano alguna otra actividad para hacerle lugar a esta.
  • Aprender a estar solos. Es fundamental. La experiencia del ruido, de estar siempre rodeados de gente, nos impide aprender a escucharnos. Necesitamos dejar que el silencio se apropie de nuestro corazón. Debemos tener en mente que amigarnos con el silencio es clave, dejar de rumiar constantemente no hace más que apartarnos de la intimidad necesaria con nuestras emociones y nuestros valores.
  • Atravesar con paciencia los fenómenos de pereza y sopor, que llevan a la somnolencia, a quedarnos eventualmente dormidos o algo entumecidos mentalmente, es muy importante. Como los anteriores, son fenómenos momentáneos que revelan la dificultad de nuestra atención en mantenerse relajada y activa. Nuestro organismo confunde la experiencia de relajación con sueño, no puede quedarse en el primero, por lo que debemos ser pacientes y entrenar nuestra mente.

Como resumen, poder ganar un control amable y flexible de estos estados mentales supone tiempo, paciencia, intención profunda de lograrlo y sostenido esfuerzo consciente. Los beneficios, de todas formas, son inmensos y no demandan mucha espera.

Así que, ¡a comenzar!



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