5 formas de aprender a superar la queja

Para los que suelen ser un poco quejosos por todo, quizás les interese saber y comprobar que esa actitud no conduce a nada: solamente consume mucha energía, no solo para el que la produce, sino para todo el entorno.

La queja es el argumento de los miedosos para justificar su imposibilidad de hacerse cargo de las situaciones, tal y como se presentan. Para otros, se convierte en un dedo acusador del tipo “yo tengo la verdad y tú no”, y por lo tanto, deja al que sostiene la queja con un falso sentido de superioridad.

Por otro lado, la queja en sí misma no conlleva acción alguna, por lo que no permite solucionar ningún problema o situación, y solo dilata y hasta corroe las relaciones, vínculos y posibilidades de encontrar formas más apropiadas para canalizar diferencias.

Aquí van cinco pasos que pueden resultar útiles a los que se quejan por todo:

  • No te distraigas: Usualmente el dejarse estar en situación de queja permanente es un juego dañino que una persona hace en detrimento de mirar objetivamente sus problemas. Prefiere erigirse en el observador externo de los demás, del país, del mundo, de la política, del éxito de otros, en vez de hacerse cargo de la parte que le toca. Hacerse el distraído es el juego predilecto de muchos. Lo que no saben es que este es un juego peligroso que anestesia el entusiasmo, la alegría y las ganas de vivir la vida. Por eso permanece atento y observándote todo el tiempo, y solo así podrás tener algo más importante que hacer: evolucionar tú mismo.
  • Acción vs. Reacción: La queja es una reacción que se produce frente a algo o alguien que se mueve en una dirección que, desde mis principios y valores, no me resulta conveniente. Muchas veces, hasta por deporte (es decir, por tenerlo tan intrínsecamente incorporado) muchas personas no aceptan el desafío de mantenerse enfocados en su mundo, y miran el de los demás. ¿Por qué perderte la maravillosa experiencia que es tu propia vida? ¿Por qué fijarte en mirar a los demás mientras tu viaje va transcurriendo? Quizás en vez de reaccionar, debas tomar acción sobre cualquier aspecto que no te gusta de lo que te rodea, e intentar modificarlo. Aunque eso implica un movimiento, y no una simple queja, que es ni más ni menos que una declamación de tu propio código de conducta (que, por supuesto, permite todo tipo de alusiones a los demás… pero no sobre ti mismo).
  • La queja borra el beneficio: Lo anula. Este principio del budismo es tan cierto como sencillo. Como la queja no es constructiva y es un pensamiento negativo, lo que hace es destruir todo lo que se le cruce. Por eso, el camino aquí es tomar conciencia precisa en el momento exacto en que nos estamos quejando, y reemplazarla por otro pensamiento positivo que contrarreste y construya. Al principio puede ser muy mental, y al cabo de un tiempo se transformará en algo natural: pensar en el beneficio de la acción y la nueva mirada sobre todas las situaciones, cosas y personas. Allí se produce lo más profundo: un gran cambio de conciencia.
  • Aceptación: La aceptación de realidades que escapan a mis parámetros de entendimiento actual es otra de las bases para superar y dejar de lado la queja. Siendo adultos, y por más que hayamos desarrollado muchísimos paradigmas negativos acerca de la vida, nuestra responsabilidad (Respons – habilidad = habilidad para responder) puede estar centrada en evolucionar como seres humanos; aceptar visiones y realidades distintas, y, sin necesidad de justificarlas, sí podemos entenderlas si nos corremos un poco a mirarlas desde el punto de vista del observador neutral. Esto nos acercará a verlas de una nueva forma, y hasta considerar otras posibilidades de crecimiento a partir de flexibilizar esas creencias que me limitaban.
  • Los pensamientos negativos son adictivos: Como funcionan con patrones de repetición, las quejas se suceden como en una calesita que nunca se detiene. Por eso son recurrentes y aparecen en el momento menos esperado. Si a esto le sumamos los otros condimentos favoritos de muchos seres humanos, como son el chisme, meterse donde no los llaman, opinar de todo y de todos, y hasta inventar historias inverosímiles para denostar a otros, podemos concluir que es un círculo vicioso (lo contrario de círculo virtuoso). Es así que al quedarnos en esta adicción nuestra mente y espíritu se debilitan. No nos queda mucho resto de energía disponible para otra cosa. Es muy posible que las situaciones comiencen a volverse en tu contra “sin motivo aparente”, y lo que te planteas como objetivos tampoco se van concretando. ¡Y por supuesto, allí encontrarás unas excusas fabulosas para seguir quejándote!

Por eso, al ser conscientes del poder de nuestros pensamientos, podemos influir de a poco en crear nuevas realidades dentro de nosotros; no en los demás ni en las cosas como primer paso. Además, esto traerá aparejada una nueva posibilidad de aprendizaje: al ver las cosas desde distintos puntos de vista, mi mirada se amplifica y me convierto en el mejor científico, pongo cada espacio de queja bajo el microscopio, lo disecciono, le resto poder y lo reemplazo por una conducta positiva, creativa y constructiva.

De esta forma, en poco tiempo de trabajo de autoobservación consciente, tendré como resultado una vida más plena, libre, sencilla, alegre y sin necesidad de estar pendiente de lo que pasa afuera. Mi mundo interior será tan intenso y lleno de nuevas experiencias vitales, que no tendré tiempo de quejarme. Simplemente, aceptaré y observaré las situaciones, y podré sacar de cada una lo mejor para seguir en mi camino de evolución.



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