6 beneficios aparentes de la gente que se victimiza

La victimización es una conducta sumamente repetida a lo largo de la humanidad. Gobernantes, estrategas de alto rango, personas de todas las edades y aquellos a los que les gusta llamar la atención de los demás juegan el juego de la víctima para generar algunos beneficios aparentes que, aunque de corta duración, parecería que los ayudan a fortalecerse.

La conducta de la persona que juega a la víctima parte de una autoestima demasiado baja como para argumentar y sostener una posición coherente frente a cada situación que se le presente.

Por otra parte, quien se victimiza suele caer en todo tipo de argucias y estratagemas para intentar desnivelar al adversario (así lo llaman por lo general) por cualquier medio, con la intención ficticia y fantasiosa de cobrar relevancia y tener la razón.

Las frases preferidas por la gente que se victimiza son: “Con todo lo que yo hago por…”, “tú no sabes lo que yo estoy sufriendo…”, “hay que vivir en carne propia una situación así para…”, “para ti es muy fácil hablar así…”, y sigue la lista.

Aquí van seis beneficios aparentes de las personas que se victimizan y la forma más apropiada de contrarrestarlos si deseamos obtener mayor efectividad en nuestra vida, dejando de jugar el juego de la víctima todo el tiempo:

  • La víctima cree que es la que más sufre en el mundo. En efecto, su caso es tan singular que no hay ningún antecedente que pueda parecerse. El beneficio aparente es mostrar fortaleza desde la debilidad y así supuestamente despertar cierto halo de admiración en personas que, por lo general, no tienen tanta capacidad de análisis de las situaciones y son un poco lábiles en su estructura psíquica. Cómo podemos mejorar: aceptar las situaciones tal como se presentan. Hacer un análisis objetivo de los hechos. Sumar preguntas y respuestas. Buscar segundas y terceras opiniones. Y a partir de allí, elaborar mi enunciado de la situación, sin necesidad de victimizarme.
  • Quiere dar lástima. Desde muy pequeños, el juego de la víctima es uno de los más recurrentes en la formación de la estructura psicológica humana. Un niño que permanentemente busca ser apañado por los mayores ante cualquier tipo de circunstancia está minando de a poco su propia capacidad de reacción y activación de los recursos internos. Al querer dar lástima, se coloca en un lugar donde lo único que importa es buscar la conmiseración de los demás, en lugar de generar legítima empatía, e incluso pedir asistencia o cooperación de una forma más constructiva. Cómo podemos mejorar: observando muy atentamente nuestro comportamiento de víctima. Por lo general quienes quieren dar lástima, mienten o exageran sobre cada situación de su vida, para crear un marco dramático mayor al que la realidad impone. Claro que hay situaciones límites que solo a un alma muy dura podrían no generar ningún tipo de empatía; aunque es muy distinto estar todo el tiempo disfrazando las situaciones para generar falsos sentidos de empatía y lograr una aparente adhesión de masas (público, familia, pareja, compañeros de trabajo), sin contar todos los detalles de las cosas.
  • La víctima elude la responsabilidad personal. Las personas que juegan el rol de víctima eluden por completo (y premeditadamente) su rol de responsables de las situaciones de la vida. Omiten detalles, cuentan solo la parte de la información que los favorece en su puesta en escena; crean situaciones de fantasía muy alejadas de la realidad objetiva y se conectan todo el tiempo desde lo emocional. Esto, en sí mismo, no está nada mal; es más, si hacemos un apropiado desarrollo de las emociones, podemos ser mejores operadores de nuestra vida, y así, más efectivos. Lo llamativo es que las personas que usan la victimización como herramienta cotidiana crean tal destreza en ese campo que esto les impide hacerse responsables de lo que les toca, lo cual, por lo general, es más de un 80 % de lo que se quejan y que forma parte de su relato de víctima. Oportunidad para mejorar: hacerme responsable al 100 % de todas las situaciones de mi vida, incluso –y mejor aún– de aquellas que no me gustan ni satisfacen. Solo así aprenderé e iré desarrollando un potencial emocional apropiado para conectar de verdad con lo que deba hacerse presente en cada momento. Esto determinará un mejor accionar para expresar lo que me pasa, sin necesidad de eludir la responsabilidad personal que me toca.
  • La víctima acusa. Crea conspiraciones permanentemente. Ve fantasmas donde no los hay. Inventa historias. Crea situaciones. Utiliza analogías que leyó en algún libro de fábulas. Busca validar su discurso de queja y victimización permanente mezclando frases célebres, por lo general, fuera de contexto. Toma prestadas frases extraídas de noticias de actualidad y hace un copy/paste engorroso, caótico y demagógico, todo para generar marcos de virtual acusación hacia otro y otros. Los demás son los enemigos. Todo el que no piensa como yo, no sirve. Aquel que está con una posición diferente, o que “no puede ponerse en mis zapatos” (frase típica de la víctima) está equivocado y lo mando a la lista negra de mi vida. Oportunidad para mejorar: observar el dedo acusador que la víctima dispara con tanta ligereza: hay un dedo hacia el otro u otros y hay tres dedos apuntando hacia sí misma. Quiere decir que el bumerán que se producirá es tres veces más contraproducente que el disparo que estoy haciendo.
  • La víctima se queja. Tiene como deporte preferido el quejarse. Pero atención: ¡jamás se refiere directamente a la queja! Como tiene habilidad semántica, crea frases rimbombantes y complejas para mostrar el peor costado de víctima disfrazado de espíritu de superación. Se cree resiliente (palabra que le encanta utilizar, aunque no sabe muy bien el significado apropiado según los contextos). Prueba el impacto de sus dardos verbales y emocionales en su público objetivo, y allí donde siente que da en la tecla, lo exagera y amplifica. De esta forma, genera un perfil de sometimiento del otro porque, claro está, a nadie con su psiquis normal le gusta provocar dolor a una persona que –parece– está sufriendo tanto. Oportunidad para mejorar: eliminar la queja de la vida. Dejar que las cosas vayan ocurriendo. Silenciar las opiniones sobre los demás. Aceptar las diferencias. Entender al otro como otro y participar en cocrear la mejor dinámica asertiva que podamos construir en la relación que tenemos.
  • La víctima padece de todos los dolores del mundo… y más. Es el ser humano más desgraciado de la tierra. No duda en dilapidar insultos, palabras hirientes, socarronas y soberbias, con tal de mostrar una falsa superioridad. La víctima busca por todos los medios generar empatía. Si es necesario, estará disfrazándose de enferma físicamente todo el tiempo para llamar la atención. Inventará enfermedades. Distorsionará las situaciones a tal punto que se dudará de su salud mental: pero esto no le hace mella; no le importa demasiado. Porque lo único que quiere es que le presten atención, cueste lo que cueste. Oportunidad para mejorar: hacer en el mundo de tal forma de asemejarme a las personas a las que desee parecerme. No está mal tomar el ejemplo de los notables, aquellos que marcan la diferencia. Aceptar las situaciones desafiantes como vienen; buscar espacio de contención terapéutica si es necesario, pero no hay por qué andar escupiendo mi victimización en el mundo, todo el día. De esta forma, con el tiempo, me entrenaré en ser más asertivo, ubicado, ecuánime y equilibrado ante cada desafío que se presente. Y podré sacar más rápidamente el resultado concreto de esa experiencia, sin necesidad de intentar domesticar a una pléyade de seguidores que –con tal de no contradecirme o, lo que es lo mismo, no infligirme más dolor– harán lo que yo quiera. Allí habré logrado el cometido del juego de la víctima: dominar al otro, manipulándolo psicológicamente.

Es un poco perverso lo aquí descrito, aunque totalmente real. Es la dinámica de la víctima. Totalmente opuesta a la responsabilidad (habilidad para responder ante cada situación que se presenta).



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