6 Maneras de practicar mindfulness mientras viajas

6 Maneras de practicar mindfulness mientras viajas

Todos los años al comenzar el nuevo año hacemos una lista de todo lo que logramos en el que termina y lo que deseamos para el nuevo. En algunas ocasiones estos deseos se quedan en promesas que no nos cumplimos o que postergamos para después, por la tan famosa procastinación.

Fue así como elegí no postergarme más y realizar uno de los viajes que tenía pendientes en mi lista de lugares por conocer, el tan famoso Eurotrip, y no porque esté de moda o porque todos tienen la foto en los lugares famosos, sino porque viajar se convirtió en uno de mis pasiones cuando entendí que no viajamos para escapar de la vida, como en algún momento lo quise hacer, sino que viajamos para que la vida no se nos escape.

Y es que el viaje comienza antes de llegar, porque cuando abordas el avión sencillamente dejas todo atrás, solo eres tú en medio del universo, atravesando océanos, continentes, lo cual es una de las mejores partes para mí y le llamo mi mejor meditación, porque allí no eres nadie, no tienes nada, te despojas de paradigmas, estigmas, posesiones, simplemente ERES y tienes tiempo más que suficiente para nada, para estar allí presente, escuchar tus pensamientos, sentir tu cuerpo e ir atento por el recorrido antes de comenzar la aventura.

Y para disfrutar el día a día que está por venir y luego no tener esa sensación de «se acabaron las vacaciones y quiero más» te sugiero que practiques estás 6 maneras de vivir tu presente al máximo mientras viajas y sacarle el mejor provecho a tu tiempo de manera consciente:

1. Ubicarse

Cuando llegas a un lugar desconocido lo primero que debes hacer es ubicarte y estar atento de cada calle que recorres porque o no vas a volver a pasar por allí, o será la misma que te llevará de vuelta, entonces allí empiezas a estar consciente de cada lugar por el que pasas, la ruta que tomas, cómo llegas a un destino y cómo salir de él. Entonces aquí no podemos vivir en piloto automático porque estamos creando nuevas memorias, somos consciente, no pensamos nada, solo se disfruta el camino y se observa. Nada pasa por tu mente, solo caminas, vives, eres.

2. Reconocer

Cuando viajas conscientemente y te permites conectar con diferentes personas en cualquier parte del mundo lo haces desde la igualdad de almas que somos, porque como ya nos despojamos de todo al irnos, somos conscientes que al lugar que vayamos no importa quienes somos, sino lo que estamos aprendiendo en cada lugar. Las personas que conocemos y con quienes conectamos por el recorrido. Poco a poco comenzamos a cruzar caminos con personas con las que tenemos algo en común, o si al contrario no tenemos nada en común, simplemente comprendemos de manera más fácil las diferencias que entre seres humanos existen ya que cada quien vive desde sus niveles de creencias, que sin ser buenos o malos, son sus creencias y como nosotros estamos en actitud de aprendizaje constante mientras viajamos, solamente comprendemos, respetamos, aprendemos y aportamos.

Dejas tu semilla en cualquier lugar con el solo hecho de sonreír, saludar, dar gracias o preguntar. Y al final lo más lindo de estar en actitud de eterna conciencia es que hablas con todos, saludas al taxista, al de la calle, al que te abre la puerta y entablas conversación con todos porque estás viviendo en el presente, estas conectando con otras personas y estás aportando a otros tal vez algo con el simple hecho de saludar o contar de dónde vienes y para dónde vas.

3. Disfrutar

Una de las cosas más ricas de viajar es que puedes probar comidas diferentes, y aquí sí que tenemos una gran lección de comer conscientemente porque como no conoces los sabores, texturas, ingredientes y demás pues haces algo que en nuestro día a día a veces olvidamos y es comer con consciencia de disfrutar y saborear lo que estamos comiendo. Esto es realmente disfrutar la comida, lo cual debería ser un ejercicio para hacer todos los días cada vez que desayunamos, almorzamos o cenamos. Cuando estamos realmente presentes mientras comemos logramos conectarnos con nuestro cuerpo, nuestras sensaciones y nuestro paladar a tal punto de poder realmente sentir y disfrutar lo que comemos. Cuando viajas tienes la oportunidad de probar muchas cosas que no conoces y eso te facilita estar consciente para poder recordar los sabores y disfrutar. Así que recuerda de ahora en adelante que comer conscientemente es como una meditación porque estas en el instante presente, disfrutando lo que hay. Haz de la comida tu propia meditación y no solo mientras viajas.

4. Observar

Cuántas veces cuando caminas por la calle en tu día a día te permites observar los colores del pasto, los árboles, el cielo, las paredes, los carros, las calles y todo lo que se presenta frente a ti sin juzgar nada, simplemente observando y contemplando?. Bueno pues esta es una de las prácticas de mindfulness que más hacemos mientras viajamos porque como todo es novedoso, como no conocemos nada, realmente observamos todo porque no nos queremos perder de nada. Encontramos colores nuevos, formas, figuras, imágenes y demás que quedan guardadas en nuestra memoria, también en la fotográfica, porque no queremos que nada se nos escape. Observar sin juzgar es estar presente, es disfrutar lo que vemos, es contemplar y solo estar allí en ese momento y en ese lugar. Cuando observamos de esta manera no solo conectamos con lo que hay afuera sino que nos permitimos a nosotros descubrir un mundo que tal vez ante una simple mirada no podemos ver, nos permitimos disfrutar con la belleza de lo simple y perfecto de lo que hay y lo que ES.

5. Comunicarse

Cuando estamos de viaje y vamos a sitios dónde no hablan nuestro mismo idioma tenemos dos opciones, sabemos ese idioma o no, y en ambos casos como no es algo que nuestro cerebro inconsciente domine todo el tiempo pues empezamos a tratar de construir en nuestra mente lo que queremos expresar antes de hablar. Entonces estamos allí, conscientes de lo que vamos a decir… pensamos antes de hablar, lo cual nos permite estar atentos a lo que vamos a decir y organizar nuestras ideas para expresarnos mejor y hacernos entender. Aunque esto parezca lógico es algo que no hacemos en nuestro diario vivir porque vamos a toda marcha y vamos diciendo lo que se nos ocurre lo cual en ocasiones no es necesario decir porque no agrega valor o no construye.

Cuando nos comunicamos de manera consciente ponemos orden a nuestras ideas y decimos lo necesario, lo correcto y apropiado para expresar lo que sentimos o necesitamos. Entonces ya no actuamos como máquinas, actuamos desde la conciencia de lo que estamos viviendo en ese instante. Y como cuando nos comunicamos con otros no solo hablamos, también escuchamos, pues esto requiere de nuestra total y plena atención porque tenemos una necesidad en ese instante que es entender lo que nos dicen para así mismo podernos expresar. Saber escuchar es tan fácil y a la vez tan poco práctico porque estamos acostumbrados a hablar sin escuchar, pero cuando viajas y te enfrentas a nuevos o distintos idiomas sencillamente tienes que estar con toda tu atención allí para que puedas tener una adecuada comunicación. Escuchar, pensar y hablar se vuelven tú aquí y tú ahora.

6. Sentir

Muchos dicen que cuando viajas vives dos veces tu viaje, la primera cuando lo planeas y la segunda cuando lo estás viviendo. Y es que la sensación de hacer tus sueños realidad es algo que te conecta con tu presente infinito, no quieres salir de allí porque es vivir lo que soñaste y darte cuenta que lo lograste, que estás allí y que una vez más te demuestras a ti mismo que puedes llegar tan lejos como te lo propongas. Por lo tanto en ese instante no existe pasado que te perturbe ni futuro que te asuste, en ese instante solo estás tú con la satisfacción de realización, de paz y de felicidad que solo te da cumplir sueños. No hay mejor momento para vivir el presente que ese porque simplemente no quieres que se acabe y eres consciente que cuando se acabe lo habrás disfrutado al máximo, pero eso solo lo logras si te permites estar allí, en ese instante y en ese lugar. A esto le puedes sumar que vibras de tanta emoción y felicidad que te permites sentir la felicidad en tu cuerpo, si hay que llorar lo haces, si hay que gritar también, solo sientes lo que ese lugar tiene para ti y te llevas esa sensación contigo porque no sabes cuándo regresarás o si lo harás.

Entonces al recorrer todos estos lugares de manera consciente permitiéndome observar, comer, caminar, conocer, sentir y disfrutar me encuentro al final del recorrido con una charla organizada por el Networking para Mujeres de Barcelona y Taranná viajes con sentido donde me dicen todo esto que yo venía practicando por 25 días y lo resumen así:

“Cuando viajas conscientemente sueltas creencias, prejuicios y personalidad. Vives el viaje desde el SER. Vences el miedo a través de la curiosidad. Y conectas con otros seres permitiéndote descubrir que todos somos iguales”

Casualidad no, cuasialidad tal vez si, y una vez más evidencias que la vida te pone en el lugar adecuado y con las personas adecuadas. Que no hay lugar al que vayas porque sí, porque todo tiene una razón de ser y en todo lugar la vida te merece y te necesita porque a donde quiera que vayas aprendes algo y creces como ser humano.

Al final de todo me pregunto, por qué si la vida es un viaje no practicamos esto en todo momento y en todo lugar, independiente de donde nos encontremos? No necesitamos vacaciones para aprender a vivir el aquí y el ahora, lo único que necesitamos es saber vivir en el lugar en el que nos encontremos y así todo tendrá otro sentido.

Por último, si quieres ser un viajero con sentido acá te comparto los 10 pasos del viajero responsable que aprendimos Con Taranná – Viajes con Sentido y recuerda que este momento es perfecto y la mejor manera de no extrañarlo mañana es disfrutándolo al máximo como ES.



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