7 consejos para dejar de ser influenciable

7 consejos para dejar de ser influenciable

¿Sientes que los demás tienen mucho poder sobre ti? ¿Permites que las acciones de otros te manipulen de alguna forma? Es posible que tengas rasgos influenciables.

El entorno nos modifica. Somos seres sociales, y el intercambio con los demás impacta en nosotros. Dice Jim Rohn, empresario, orador y autor norteamericano: “Eres el promedio de las cinco personas con las que más pasas tu tiempo”. Es así como vas formando parte de tu personalidad, que es la forma de accionar en el mundo.

Si te reconoces como permeable a lo que dicen, hacen o indican los demás, es posible que puedas identificarte con estos rasgos:

  1. Te importa demasiado la opinión de los otros.
  2. Muchas veces evitas tomar decisiones por cuenta propia.
  3. Te sientes afectado emocionalmente cuando alguien expresa algo que no te gusta acerca de ti.
  4. Haces cosas por obligación.
  5. Utilizas mucho las expresiones “tengo que…” o “debo…”.
  6. Sientes que hay mandatos inculcados desde tu infancia que aún hoy te dominan.
  7. Quieres agradar a toda costa, aunque sufras.
  8. No tienes opinión propia, sino que imitas las de los demás.
  9. Sueles ocultar información o mentir en distintos grados para caer bien.
  10. Permites que los medios de comunicación y personas a quien das poder, implanten ideas y creencias sobre ti.
  11. Te disculpas todo el tiempo, por ejemplo, cuando expresas algo que -desde tu perspectiva, y aunque fuese verdad para ti- podría molestar a otro.

Si has respondido afirmativamente a por lo menos tres de estos parámetros, quizás debas considerar empezar a fortalecerte para dejar de ser influenciable.

  • ¿Fuerte o débil?

Según muchos estudios científicos, hay distintos tipos de personalidades. Entre ellas, las fuertes, y también las débiles.

Las personas con alta posibilidad de ser influidas más rápidamente por el entorno (familia, amigos, compañeros de trabajo, medios de comunicación, líderes políticos) son aquellos que tienen miedo de expresarse tal cual son.

Es un proceso interno que remite a cierto grado de sometimiento, y que puede tener sus raíces en la primera infancia. Cuando en la familia se ha evitado construir la independencia de opinión, se acalló la voz propia del niño o niña, y se han inculcado valores en forma conductista para que esa persona siempre proceda de distinta forma, es posible que, a lo largo de la vida, aparezcan estos rasgos de debilidad en el carácter. Incluso, se conocen muchos casos de personas que desarrollaron una timidez y una inhabilidad para expresar sus ideas y hacer valer su libre albedrío luego de episodios traumatizantes, como el abuso de cualquier tipo, familias disfuncionales, agresiones y entornos de violencia.

Como se trata de un proceso inconsciente y que ha sido construido a lo largo de toda la vida, necesitará de la ayuda de un psicoterapeuta para procesarlo y reconducirlo a un sentido de mayor independencia de criterio, para recobrar algo sumamente valioso en la construcción de la estima personal: la voz propia.

  • El efecto social y de los medios

Por otro lado, el mundo contemporáneo alienta el implante de ideologías en formas sutiles… y no tanto. El marketing, la publicidad, las noticias en los medios de prensa, la política, las ideologías, la religión son formas de implantación de conceptos que, si no estás atento, pueden dejarte atrapado sin que te des cuenta.

Como funcionan en diversos niveles combinando la razón con emoción, se produce un efecto de rapidez en la asimilación, para que otro de personalidad débil lo asuma como su propia voz.

Es frecuente escuchar que alguien expresa: “A mí me gustaría opinar con las palabras exactas tal como lo dijo tal persona”, evitándose así el proceso del pensamiento propio y crítico acerca de las cosas.

Esta secuencia no tendría nada de malo si, en verdad, la opinión propia fuese exactamente igual a la que se escucha, luego se capta y la persona repite. Sin embargo, en los influenciables, este proceso no tiene filtros: entra directamente, y la persona lo hace una verdad para sí, y desde ella opera en el mundo.

Como consecuencia, se daña la autoimagen (que es la representación acerca de uno mismo). El resultado es el exterminio de la autoestima y la pérdida de sentido, al no tener opinión propia.

Los regímenes totalitarios de cualquier índole utilizan estas técnicas para lavar el cerebro y la capacidad de análisis de las personas, combinando herramientas poderosas, como la replicación en cadena de mensajes conductistas, para, literalmente, dominar a las masas. La principal legión de fanáticos (de políticos, religiones, o cualquier otro movimiento) se nutre principalmente de personas influenciables.

  • 7 consejos para dejar de ser influenciable

Si te sientes entrampado en realidades que no concuerdan con lo que sientes y piensas en verdad, es posible reconquistar tu libertad personal. Estos consejos pueden ayudarte:

  1. Empieza a razonar por ti mismo.

Para muchas personas plantarse frente a la vida y mirarla de frente los coloca en una posición intimidatoria. Los asusta el ser quienes son. El razonamiento es la capacidad mental de determinar qué es importante para ti, tus valores y poner en palabras internas eso que quisieras decir. Si has sido influenciable toda tu vida llevará algún tiempo, aunque vale la pena empezar el proceso.

  1. Toma conciencia del problema.

Darte cuenta es el primer paso para empezar a salir adelante. Tienes el derecho humano universal de ser quien eres, con tus propios pensamientos, y nadie puede imponerse sobre ti. Tampoco busques agradar a todos: siempre habrá gente a la que no le caerás bien, y derrocharás una energía valiosa que puedes volcar a aspectos tuyos más constructivos.

  1. No des todo por sentado.

Una herramienta fundamental para dejar de ser influenciable es entrar en estado de pregunta permanente sobre todas las cosas que escuchas, o mensajes que recibes. No eres responsable por los mensajes que te llegan, pero sí lo eres al ciento por ciento sobre lo que eliges hacer con esos contenidos. Frena: no aceptes las cosas a la primera. Piensa, procesa internamente, elabora tus propias respuestas. Esta condición de la duda permanente es fundamental.

  1. Aplica el pensamiento crítico.

Relacionado con lo anterior, este tipo de proceso mental implica que tomes distancia de la situación en la que estás implicado, para mirarla en perspectiva; analizar desde diferentes costados, y sacar tus propias conclusiones.

  1. Descubre fuentes alternativas de información.

Cuando los medios de comunicación transmiten sus contenidos siguen lo que se llama línea editorial, que es la forma de relato en que quieren mostrarte recortes de lo que pasa en el mundo. Ante cualquier situación que veas en la prensa, o en tu vida de relación con otros, busca chequear la información: no consumas solo una fuente, ya que limitas tu capacidad analítica, sobre todo en temas sensibles.

  1. Esfuérzate en sacar conclusiones por ti mismo.

Este paso es decisivo para empezar a tener tu propia voz y proyectarla al mundo. Haz el esfuerzo interno de pensar, y no dejar que otros lo hagan por ti.

  1. Entrénate en compartir opiniones que provengan exclusivamente de tu propia construcción.

Al final del camino, paso a paso empezarás a decir, actuar y sentir de una manera más congruente con quien eres en verdad. Quizás tapaste tus ganas de opinar sobre distintos aspectos por miedo al rechazo, o por timidez autoimpuesta, o censura de los demás. Es tiempo de que te des el permiso de expresarte libremente. Lo mereces. Y el tiempo es a partir de ahora mismo.



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