7 hábitos para ser una mamá feliz

La maternidad no siempre es color de rosa, quienes somos madres lo sabemos. Más allá de la idílica imagen de la mamá sonriente, hay un sinfín de dudas, angustias y agobios, que pueden en algún momento sobrepasarnos y hacernos sentir, que esto de “ser mamá”, no es tan fácil como pensábamos.

Lo bueno es que podemos aprender a ser madres felices. Pero para ello debemos entender que ser feliz es una decisión, una actitud, un estilo de vida que debe comenzar con hábitos que nos conduzcan a transitar el camino de la maternidad, sin la pesada carga de la culpa.

En mi paso por la maternidad, durante estos cinco años, he descubierto siete hábitos básicos para disfrutar del rol más importante que nos ha regalado la vida. Ahora te invito a descubrirlos.

  1. Sé la mejor versión de ti: si hay algo importante en la vida, es quererse y aceptarse como uno es. Está bien que consultes las corrientes de crianza que se exponen actualmente en las redes sociales, pero no te sientas presionada socialmente, a seguirlas. El objetivo de esta información, no es martirizarte, ni juzgar la manera en que conduces tu familia. Por el contrario, es brindarte herramientas que te permitan crecer como madre. No importa si no sigues X patrón de educación, la mejor teoría es la que sale de tu corazón, la que dicta tu instinto materno. Escúchate primero y adapta la información que consigues a tu ritmo de vida, creencias personales y religiosas. Recuerda, las cosas obligadas nunca salen bien. No intentes ser o parecerte a otras madres, tú eres única e irrepetible.
  2. Olvida la perfección y tómatelo con soda: no te martirices tratando de jugar al papel de la madre perfecta, porque ese personaje no existe. Si hay algo imperfecto en esta vida es la maternidad; un largo camino de ensayo y error, donde debemos tener la suficiente fortaleza para aceptar cuando nos equivocamos y pedir ayuda. Los niños, la casa, el esposo, todo esto en algún momento te puede llegar a abrumar, pero depende de ti afrontarlo con serenidad y paciencia o rabia y amargura. A veces hay que tomarse la vida de manera más relajada. La pared rayada se puede volver a pintar, el desorden de la sala, mañana lo puedes recoger. Pero el grito, el golpe o la amenaza hacia un hijo, no podrás limpiarla con un pañito. Fingir demencia y reírse del caos, de vez en cuando es necesario. No te tomes todo tan a pecho, sobre todo cuando son cosas que sabes, tienen solución. Recuerda, ser mamá es una vida caóticamente hermosa. Ríete de tus errores y aprende de ellos. En la adversidad es cuando más crecemos.
  3. Vuelve a ser niña: si hay algo que las madres solemos perder a menudo que crecen los hijos y los compromisos con el hogar, el trabajo y las cuentas por pagar, es el tiempo de juego con nuestros pequeños. Regálate un break para compartir y jugar con tus tesoros, pero a su mismo nivel. En el piso. Vuelve a ser niña por unos minutos y juega, ensúciate, salte de la dieta, olvídate del desorden de la casa y déjate llevar. Cuando crecemos, nuestros mejores recuerdos no están llenos de cosas materiales, sino de momentos compartidos con nuestros padres. Crea hoy esos momentos inolvidables.
  4. Quítate el traje de cenicienta: pasa la página del cuento y suelta la escoba, el trapo y todo el ropero. Sé flexible con la pulcritud y el orden. No digo que tengas un caos, pero no pretendas que tu casa sea un santuario, después de tener hijos. Además, por qué tienes que ser tu quién haga todo. Qué pasa con la colaboración familiar. Involucra a tu pareja e hijos en los quehaceres diarios. Desde servir la mesa, hasta recoger los juguetes o hacer las compras. Tu familia es un equipo y como tal, deben funcionar. Suelta la carga y delega. Parte de nuestro trabajo como mamás, es enseñarles a nuestros hijos a ser independientes y colaboradores, para que el día de mañana puedan valerse por sí solos. No te aferres al papel de “la indispensable” o al discurso de “como no lo hacen bien, prefiero hacerlo yo”.  La vida es un ratico y los niños crecen muy rápido. No dejes que la limpieza te robe la felicidad de gozar tu merecido tiempo en familia.
  5. Tus hijos no se portan mal, se portan como niños: cuando entiendes e internalizas esta oración, ves con otros ojos el compartimiento de tus hijos y van desapareciendo los gritos, regaños, reproches y tantas cosas que a veces te roban la sonrisa. Cambia la frase y entiende que tus hijos son niños y se portan como tal. Si rompen, tocan o rayan, no es porque lo hagan a propósito para hacerte enojar. Es porque están aprendiendo a manejarse  en un mundo con normas sociales que tú como mamá debes enseñar, recordar y reforzar. Todos los días hacemos depósitos en el banco de memoria de nuestros niños, procura que esos depósitos estén llenos de frases y acciones amorosas que formen en el futuro, un adulto feliz.
  6. Cuida tu pareja: sí, es cierto, eres mamá, pero no olvides que sigues siendo mujer. Un rol no sustituye a otro, lo refuerza. Crea espacios de esparcimiento, amor e intimidad que nutra los lazos de amor entre ustedes.
  7. Cultiva la mujer que hay en ti: para amar a otros, primero debes amarte tú. Eso comienza por atender tus necesidades individuales. Nunca descuides tu esencia femenina, tu ser, lo que eres, lo que te motiva a ser feliz. Busca tu centro y espacio. Es normal y sano que a veces necesites “jubilarte de la maternidad” para compartir con amigas o simplemente disfrutar del silencio. Encuentra apoyo en tu pareja, familiares o amigos.

Espero que estos siete hábitos te hayan sido de ayuda. Siempre recuerdo un dicho que dice, “cuando la reina está feliz, hay paz  en el reino”. Creo que ciertamente es así.

Una mamá feliz, cría hijos felices. El poder y la decisión están en tus manos, hasta un próximo post. Nos estamos leyendo.



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