¿A dónde vas con tanta prisa?

Hoy seguramente te levantaste una vez más, tarde, acelerado y sin tiempo para disfrutar de la luz de un día claro y despejado, para tomar un buen desayuno, para conversar unos minutos con tu pareja o darle un buen abrazo a tus hijos. Siempre corriendo, siempre buscando atajos para llegar más rápido. Tal vez estés enfermo de la prisa y no te hayas dado cuenta. Hace unos días, encontré una frase que me hizo sonreír: “Si queremos vivir más profundamente…tenemos que aprender a vivir más lento”. Me impactó, y pensé en?su profundo significado. Me pareció tan especial, que la copié en mi libreta y la compartí con todo el que se acercó a mí, ese día. ¿Sabes por qué? Porque simplemente nos recuerda que la velocidad y la prisa que envuelven nuestros días, hace que corramos de un lado a otro, sin que prestemos verdadera atención a lo que hacemos y a todo lo que ocurre a nuestro alrededor, perdiéndonos la posibilidad de reconocer, valorar y disfrutar los pequeños regalos que le dan calidad a nuestros días.?

Cuántas veces hemos leído o escuchado alguna frase que nos recuerde la importancia de vivir atentos a lo que sucede en el presente… y es que conocemos muy bien la teoría, pero la práctica se nos hace un tanto difícil.

La mayor parte del tiempo estamos distraídos, conectados al pasado o al futuro a través de la mente. Generalmente vamos camino a la oficina, o de regreso a casa, pensando en todo lo que tenemos que hacer, tratando de aprovechar el tiempo, como si de esta manera pudiéramos  ser más eficientes. Pero lo cierto es que mientras realizamos esta especie de ritual mental, nos?perdemos el paisaje y el entorno que acompaña nuestro recorrido, la conversación o la expresión de la cara de nuestros hijos o de la pareja que nos acompaña y que insiste en comunicarse con nosotros; el amigo que entusiasta nos saluda y que no vemos, el atardecer…Vivimos ensimismados en nuestros problemas pendientes y preocupaciones, como si esto nos permitiera?resolverlos con más facilidad, para al fin, poder?vivir como queremos.

Claves para suavizar tu día:

1.- Recupera la calma: Esto no significa quedarse quieto, implica tomarte el tiempo necesario para decidir y actuar siempre de la mejor manera. Cuando sientas que la prisa te toma, repite mentalmente: ¡Ve mas despacio y vive mucho más!!

2.- Bájale la velocidad a tus días: Reduce tu lista de asuntos pendientes, y organízala de acuerdo a la prioridad?que tiene cada uno, tomando en cuenta el tiempo real que te llevará cumplirlos. Vive cada día como si fuese el último, el más importante y el más especial, tomando y resaltando lo mejor de cada momento.

3.- Ocúpate de una sola cosa a la vez: Recuerda que todo tiene su lugar y su momento. No creas que puedes ser más eficiente si haces y piensas diferentes cosas a la vez…Colocar toda tu atención en cada cosa que haces, te ayudara a estar atento, a cuidar los detalles y a ser más efectivo.

 



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