A la conquista de la depresión y la obesidad

Glenda Travieso es autora del libro Sanar es una elección, conoce tu depresión y aprende cómo superarla, de Ediciones Inspirulina. Para conocer más de su libro, haz clic aquí.

Recientemente, leía sobre el relato de un hombre, David Clark, quien a sus treinta años era propietario de una cadena de trece tiendas al por menor cuyas ventas ascendían a los ocho millones de dólares al año, casado, con tres hijos, pero que, como muchos, no era feliz a pesar de que tenía todo para serlo.

Estaba deprimido. «No podía encontrar la alegría simple en nada, y pensaba en pararme en frente de un autobús para terminar con ello», dice David. Cuenta que buscando aliviar su dolor, comía grandes cantidades de comida rápida y consumía alcohol de forma indiscriminada, lo que por supuesto resultó en un cuadro de obesidad y alcoholismo. En su momento de mayor peso, llegó a rondar los 145 kilos, con una altura de casi dos metros.

Me llamó poderosamente la atención el caso de David, ya que no es un hecho aislado. La obesidad es un factor común entre las personas que están batallando con una depresión.

Aproximadamente el 43 por ciento de los adultos que viven con esta condición son obesos.

Estudios revelan que quienes padecen de depresión son más propensos a ser obesos que las personas que no están deprimidas.

Esto puede pasar entre otras cosas porque:

1) La persona que está deprimida busca consuelo en la comida.

2) La depresión y la obesidad comparten los mismos patrones neuronales, es decir, la forma en que la neuroquímica del cerebro se ve alterada, lo que hace a los individuos más propensos hacia ambas condiciones.

3) La pobre imagen corporal que tienen las personas obesas sobre sí mismas hace que muchas se depriman como resultado de ello.

¿Cómo David cambió su vida?

La historia de David afortunadamente tiene un final feliz.

Al tener tanto sobrepeso, David comenzó a padecer de presión arterial alta y estaba a un paso de convertirse en diabético. Sin embargo, una mañana se despertó, y a sus 34 años se dio cuenta de lo cerca que estaba de la muerte. Lo sobrecogió la idea de pensar que si no tomaba una acción inmediata, sus hijos crecerían sin un padre.

Horrorizado con la idea de que estos lo vieran morir de una borrachera, decidió unirse a Alcohólicos Anónimos y siguió los doce pasos del grupo para dejar de beber. «Fui en un viaje espiritual para hacer la paz conmigo mismo», dice David, que creció pobre y sin hogar. Cuenta que cuando era niño, él y su padre vagaban por el país en la parte trasera de una camioneta.

Como siempre digo, la depresión llega para mostrarnos algo que debemos sanar y que está en lo profundo de nuestro subconsciente esperando ser descubierto, con la intención de que nuestra alma avance en su crecimiento espiritual.

David también empezó a correr. Siempre pensó que podía convertirse en un maratonista y esto lo motivó a entrenar. Ahora a sus 44 años, corre alrededor de 150 km a la semana y compite en algunas de las carreras de resistencia más difíciles en el planeta.

Cuenta que en un primer momento le fue muy doloroso iniciar la acción, pero que ese dolor lo motivaba. «Yo sabía que lo que estaba en juego era lo bastante alto como para obligarme a hacer un cambio tan dramático en mi vida», dice.

Correr: Una forma de impulsar el ánimo a bajo costo

Después de que David cambió drásticamente su dieta, dejó de beber alcohol y empezó a correr con regularidad, su peso comenzó a caer. Dieciocho meses tardó para alcanzar un saludable peso de 82 kilos. Cuando empezó a competir, perdió otros nueve kilos más y así se ha mantenido hasta los momentos.

Por supuesto, era de esperarse que con todos estos cambios, su estado de ánimo también mejorara. El ejercicio libera endorfinas que son las hormonas encargadas de reducir nuestra percepción del dolor y mejorar nuestro estado de ánimo.

David recomienda a quienes están batallando con la obesidad y la depresión que hagan lo que él hizo. «Dibujar una línea en la arena» para decir: «Yo no voy a vivir más de esta manera, me voy a mover a un lugar mejor».

Lo que puedes hacer

La historia de David puede ser la de cualquiera y aunque este perdió peso por su cuenta, no todo el mundo puede hacerlo. Por lo tanto, si estás literalmente luchando con tu peso, considera la posibilidad de acudir a un nutricionista o a tu médico de cabecera, para buscar orientación.

De igual manera, agrega el ejercicio dentro de tus rutinas diarias, no tienes que convertirte en un maratonista como David, una vigorosa caminata de treinta minutos resulta igual de beneficiosa.

Cuidar lo que comes es clave para estabilizar tu ánimo; está comprobado que el azúcar y los carbohidratos complejos te hacen más vulnerables a la depresión. De igual manera, son estos los que contribuyen al aumento de peso.

Puedes elegir trabajar con un terapeuta para que te ayude a encontrar el tratamiento adecuado.

Eso podría incluir terapia individual o de grupo, técnicas de reducción de estrés, medicamentos, o alguna combinación de estos. Lo importante es que busques la ayuda que necesitas, y especialmente el acompañamiento para no decaer. En ningún lado está escrito que tienes que lidiar con esto tu solo/a. Dios te ama demasiado como para permitirlo, si buscas ayuda, esta te llegará.

Basado en un post original de www.everydayhealth.com

Si quieres aprender más sobre la depresión y del trabajo de Glenda Travieso, puedes visitar este enlace para conocer su libro Sanar es una elección, conoce tu depresión y aprende cómo superarla, de Ediciones Inspirulina.



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