A la conquista del amor y la intimidad

Yo pensaba que el amor me facilitaría la vida. Sin embargo, a los 22 años me la complicó muchísimo.  Conocí a un par de hombres. Me casé por la Iglesia con el argentino. Juré ser fiel por amor. Quería para mí al hombre enamorado, generoso, responsable y sensible. Pero también no quería sufrir más ante una sola traición sexual. Hubiera preferido no conocer al hombre posesivo, mentiroso y agresivo. Me divorcié. Sí, pasé muchos años deseando amar a cualquier precio. Llegué a sentir el temor terrible de que me traicionaran los que verdaderamente amé. A veces, por impulso huí de los hombres que me amaron de verdad. Recuerdo que pasé casi una década con mi corazón cerrado ante la posibilidad de amar. Y antes de llegar a los 39 años me aventuré en formar una relación estable y amorosa. En la actualidad, llevo más de 11 años con mi marido y tengo un hijo. Solo perdonándome y perdonando a mis amores tormentosos pude encontrar el recorrido sereno del amor.

Todos los obstáculos que nos presenta vida pueden moldearnos y hacernos más humildes. El amor que siento no depende de una pareja para ser feliz. Ofrecía mi corazón pleno de hermosos sentimientos porque no sabía hacer otra cosa. Anhelaba con vehemencia que un hombre se hiciera cargo de todas mis emociones, deseos y sentimientos. Llegué a sentir mucho dolor, y eso es todo lo contrario al amor. Solo el recorrido hacia mi infancia y mi interior me dio tranquilidad. Aprendí a meditar unos diez minutos diarios. Con los meses empecé a meditar veinte minutos. Esto me dio serenidad.

El amor verdadero se convirtió para mí en una fuerza de cohesión que me proyecta intensamente, en todos los aspectos. Con el tiempo, pude darme cuenta que amaba a un hombre para liberarme de un vacío interno. Actualmente, mi corazón sonríe ante la sonrisa de mi bien amado. Vivir en armonía con mi pareja es mucho más agradable. Y cada día, puedo construir el amor dentro de mí. Conocerme y valorarme me hace más apta para la felicidad.     

Cuando doy alguna charla sobre las formas de amar, comienzo preguntándole a la gente si conoce alguna pareja feliz. Muchas veces no cuento más de veintidós (22) manos levantadas en un grupo de ciento cincuenta personas. A veces, me pregunto si el amor de la pareja es una quimera o un sueño. Llego a pensar en el masoquismo que mantiene unida a las personas en el terreno familiar y de pareja. Ubico la crisis del amor en las parejas actuales en el contexto de la desestabilización del patriarcado. En el contexto de la sociedad actual, aquellos líderes y maestros a quienes les concierne la definición de papeles se encuentran sometidos en conflictos sin límites. Podríamos decir que todos estos conflictos mantienen a la humanidad en ebullición. No quiero cuestionar los roles definidos en la sociedad patriarcal que conocemos. Tampoco, la incertidumbre y el silencio que prevalecen sobre cualquier tema de una relación homosexual.

No obstante, es evidente que cada crisis representa un riesgo. Para llegar a disociar ciertas amalgamas o paradigmas y crear nuevas moléculas, el mundo necesita un calor intenso. Esto es verdad tanto en el plano de la naturaleza como en el plano psicológico. Las nuevas moléculas a las que me refiero son moléculas de igualdad entre los seres humanos. La crisis nos ofrece infinitas oportunidades de peligrosas evoluciones. Entre los valores femeninos y masculinos el amor verdadero quiere caminar con los pies en la tierra. Esperemos sea para favorecernos con la creación de una nueva intimidad entre las parejas humanas.

No nacimos para ser bestias del sexo, ni amantes sufridos. Piense que puede beber del agua del amor y calmar su sed. Guiado por Dios y no por el Diablo. Solo sé por experiencia que mirar dentro de mi corazón y reflexionar sobre la vida que tengo me lleva a reconciliarme conmigo misma y con todos los que comparten mi vida. Meditar se convierte en mi fuente de alegrías y tranquilidad. Poseen menos influencias el drama y los malos entendidos. Además, la fórmula mágica para la felicidad de pareja no creo que exista. No conozco el camino seguro que conduce hacia una relación de amor maravillosa.   



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