A mi edad

A mi edad

Me encuentro en un momento cuando estar abierta a cambios y nuevas opciones no es algo esporádico, sino una constante. Mi vida me presenta situaciones inesperadas ante las que debo estar flexible. Y ellas me llevan a aprender sobre tópicos impensados.

Cuando salimos del colegio y emprendimos el camino profundizando en los conocimientos que nos darían herramientas para ser productivos y avanzar en nuestra vida, estaba todo como más organizado y había una secuencia lógica. En mi caso, todo se fue transformando, y todo lo planeado tuvo su propio timing y su criterio independiente. Nada se desarrolló como se había planificado.

Cada nueva década la voy recibiendo más confiada y más llena de esperanza. La que emprendo se presenta menos complicada. Sí, no es una visión falsamente optimista. He tenido que aprender a aceptar ciertas limitaciones físicas, la llegada de arrugas y canas, algún kilo que decide empecinadamente acompañarme, un cabello menos abundante. Es un proceso que se va desarrollando, y que voy aceptando al principio con asombro y susto, pero que termino obviando. En mi interior, inexplicablemente, soy un ser sin edad. En mi pantalla mental no me veo con mi imagen actual. No tengo los años que he vivido. A veces me doy cuenta de que hay personas que le hablan a una señora mayor de la que soy. Es gracioso.

Si estás en el proceso de sentir el paso del tiempo como una carga muy pesada, y te resistes a aceptar la realidad de que nuestro andar –muy breve por cierto– por este mundo implica nuestro deterioro físico y ajustes en nuestro ritmo, te sugiero algunas ideas para que las consideres. Acepta. Acepta. Acepta. Esto no es entregarse, sino abrirse a lo que viene, sin resistencia. Esto permite el paso energético y, al entregarnos al fluir natural, nos vamos deslizando por experiencias enriquecedoras. Vive sin juicios. No hay tiempo para tener expectativas respecto a los demás. Esto es perderlo, desperdiciarlo. Hazte un plan saludable de alimentos materiales y espirituales con actividad física. Atrévete a hacer cosas que postergaste, que no te atreviste a hacer, como pintar un cuadro, aprender guitarra, enamorarte sin exigencias, aprender a bailar tango o salsa. Escribe lo que sientes, lo que piensas, lo que vas a hacer. Escribe a amigos y familiares. Aleja la tendencia a la victimización. Esto es darle poder a los demás para evitar reconocer nuestra responsabilidad en las decisiones que tomamos. Descarta el miedo, este suele colarse bajo nuestra piel. ¿Miedo a qué? ¿Miedo por qué? No hay tiempo para ello.

Alguien dirá que esto es una visión simplista, que es algo alejado de lo posible, que no se puede obviar la realidad que nos rodea y muchas veces nos invade. Otro dirá que es tan solo una receta. La verdad es que es algo factible, que requiere tan solo pasar un switch. No pierdes nada y lo que ganes será maravilloso, único y te pertenecerá a tí, lo irradiarás y te enriquecerá.

Aquí te dejo a Serrat cantando Hoy puede ser un gran día



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