A presumir de curvas a lo lady Gaga

Soy fan de Lady Gaga. Más allá de que su música sea una compañera fiel de mis horas de gimnasio o ser un referente de la moda, con estilismos tan imposibles que me recuerdan a los de la gran Grace Jones; mi confesa admiración hacia esta intérprete se debe a que ella tiene el coraje de guardar el traje de diva para vestir el de mujer de carne y hueso, incluso cuando la alumbran los focos sobre el escenario en todo su esplendor.

No sólo ha sido la gran abanderada de la diversidad al defender los derechos de los «monstruos», los incomprendidos, de los que se sienten freakys o más «raros que un perro verde», con una fundación contra el acoso escolar llamada «Born This Way». Ahora es la escudera de las curvas, de los cuerpos reales, de las tallas 6, 8 y 10 y de todas aquellas mujeres que se rechazan al ver su imagen proyectada en el espejo.

En las últimas semanas el perfeccionista mundo de la farándula sufrió no un temblor, sino un terremoto con alerta de tsunami incluida, porque el icono fashion-musical, de cuerpo 10 y abdominales perfectas, cometió el pecado de preferir la pizza a la ensalada de lechuga y engordarse 11 kilos.

lady-GagaLa prensa no ha dudado en cebarse con ella y coronar sus portadas con las imágenes de la «nueva» figura de la cantante. Si se tratara de otra persona, seguramente Stefani Joanne Angelina Germanotta, estaría echada en la cama, llorando sus penas y huyendo de los paparazzis, a quienes ciertamente les dedicó una canción. Pero como estamos hablando de Lady Gaga, nos encontramos ante palabras mayores, en donde el concepto de complejo no tiene cabida en el lenguaje de los «gagianos».

Ni corta ni perezosa la reina de los «monstruos», inmune a las críticas, posó con brassiere e hilo su silueta, con la debida omisión de la palabra «nueva» dentro de la oración. Pero el posado va más allá de presumir de curvas italianas, a lo Loren o Bellucci, a quienes se les ve más las carnes que los huesos; sino que animó a sus fans a que hicieran lo mismo y subieran sus fotos celebrando su belleza. Todo esto reconociendo que ella lleva 15 años luchando contra la bulimia y la anorexia.

¿Cómo no vamos a adorar a esta mujer tras este gesto de subversión estética? En especial aquellas como esta servidora, que llevo una vida entera peleando con la báscula y dándole guerra a mis caderas, las mismas que mi novio tanto adora y enaltece.

La acción de Lady Gaga no es una declaración de propósitos contra la apología de la extrema delgadez, que se observa sobre las pasarelas, alfombras rojas y escenarios. Como tampoco es una consigna a favor del sobrepeso tan poco recomendado para la salud. Es un llamado a reivindicar un cuerpo y una vida saludable, mediante un ejercicio de autodeterminación personal.

Nadie dice que nos regalemos al abandono, dejemos de cuidarnos y de hacer fitness. Al contrario, va de tratar nuestra bella humanidad con el respeto y el cariño que merece, que si vamos al gimnasio es para consentir nuestro cerebro, corazón y músculos, y no para intentar cambiar a golpes nuestros cuerpos para que encajen en los vanidosos y extremos cánones de belleza del mundo de hoy, que pretende que todas tengamos el cuerpo amazónico y esbelto de Heidi Klum, cuando nuestro mapa genético y corporal nos indica otra dirección.

Mejor ejemplo Jennifer López, la «retaguardia de oro» de Hollywood, un lugar en donde las mujeres bajitas y de formas sinuosas no siempre han sido bien recibidas. Ella en vez de liposuccionarse se dio a la tarea de realzar y tonificar su celebre «culete», logrando que millones de mujeres latinas hicieran al fin las paces con el espejo y los blue jeans.

Tampoco dejemos a un lado a Beyonce, que tras haber estilizado su figura con estrictos regímenes alimenticios para su papel de Deena Jones en «Dream Girls», decidió al finalizar el rodaje, devolverle a su figura su volumen natural y le importó muy poco lo que la prensa dijera.

Y ahí tenemos de nuevo la protagonista de esta entrada, Lady Gaga, quien en vez de esconder sus 11 kilos extras, se animó a exhibirlos para demostrarnos que no es el fin del mundo y que sigue estando fantástica. Así que añadamos un toque Gaga a nuestras vidas y celebremos nuestros cuerpos.



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