A ti mujer, en tu día

Hace 101 años se celebró la primera convocatoria por los derechos de las mujeres trabajadoras en Alemania, Austria, Dinamarca y Suiza. Desde ese momento, numerosos países fueron uniéndose a la conmemoración hasta que en 1977, la Asamblea General de la Organización de las Naciones Unidas (ONU) proclamó el 8 de marzo como el Día Internacional por los Derechos de la Mujer y la Paz Internacional.

Desde entonces, para  algunas, son muchas las batallas ganadas. Para otras, la vida sigue siendo tan difícil como hace un siglo. Todavía se lucha por la igualdad laboral, (incluso en países como Estados Unidos), por la igualdad social y política. Todavía discutimos, aunque usted no lo crea, si el lugar de la mujer es el hogar o el trabajo, y todavía hablamos de estereotipos de la mujer triunfadora.

Este año, la Organización de Naciones Unidas le dedica la conmemoración a la mujer campesina, un grupo de la población cuyo aporte es invalorable para todos, pero aún así, uno de los grupos más vulnerables. De acuerdo a los datos que aporta Michelle Bachelet, directora ejecutiva de ONU Mujer, si se diera a las agricultoras el mismo acceso a los recursos que a los hombres: ingresos, derechos a la tierra y créditos; se reduciría entre 100 y 150 millones las personas con hambre. Dice Bachelet que los estudios muestran que mayores niveles de igualdad de género tienen una correlación positiva con niveles más altos del producto interior bruto per cápita. Abrir las oportunidades económicas a las mujeres haría aumentar el crecimiento económico y reduciría la pobreza considerablemente.

Pero mi mensaje este año es dirigido a ti, la que se parece a mí. A las que llevamos una vida digamos que “normal”. Que fuimos educadas, que tenemos familia, trabajo y  a lo mejor no sufrimos de grandes discriminaciones.

Recordemos que somos parte de la crianza (y creación) del mundo. No somos la única influencia, pero la relación que tenemos con nuestros hijos, la que llevamos con nuestras parejas se replica en la relación de la sociedad entre sí. En la medida en que en nuestros hogares haya amor, tolerancia, libertad y respeto; vamos aportando esos valores a la sociedad.

Recordemos que la visión que tenemos de nosotras afecta a todos. Cada vez que dejamos que otros dicten cómo debemos lucir o qué podemos o no podemos hacer, no sólo nos hacemos daño a nosotras mismas, sino que perpetuamos los estereotipos.

Seamos solidarias. No sólo con las mujeres que tenemos alrededor, sino con aquellas en el mundo que no cuentan ni siquiera con los derechos más básicos y alcemos nuestra voz cada vez que alguna mujer nos necesite.

No le teman a su feminidad. El hecho de que aspiremos a la igualdad ante la ley, que aspiremos a que se nos respete la igualdad de oportunidades en cualquier ámbito público, no quiere decir que seamos iguales a los hombres. Y el hecho de que seamos diferentes a los hombres no es un defecto. Aceptar nuestras características propias de mujer, nos hará entendernos mejor y alcanzar el bienestar y la satisfacción.

A todas mis amigas, a las mujeres de mi familia, a nuestras lectoras y colaboradoras, un Feliz Día de la Mujer. Celebren con todas la de la ley. Y pongamos nuestro grano de arena para que algún día realmente celebremos (no conmemoremos) el Día de los Seres Humanos. Punto. Como dice en los textos políticamente correctos: sin discriminación de sexo, raza, ideología política o religión… ni de ninguna otra diferencia que tengamos.



Deja tus comentarios aquí: