Adicción al pasado

Cuando insistimos en proyectarnos en el pasado, en las interpretaciones sobre lo que hicimos, lo que no hicimos, lo que dejamos de hacer, lo que pudimos haber hecho, lo que nos hicieron, lo que nos tendrían que haber hecho, o las ilusiones sobre lo que hubiésemos querido que sucediera, activamos los mismos viejos caminos, los patrones de memorias emocionales del pasado. Usamos como referencia lo que pasó y no hemos aceptado para definir lo que somos, para las decisiones actuales, y el presente nos queda casi sin sabor.

Una de mis clientes reservó una sesión por un tema de relaciones de pareja. Dialogando con ella me dijo que tenía problemas con su pareja actual, que sentía que él no la tomaba en serio, que jugaba como un niño, que eso le recordaba a su ex y eso le hacía sentir miedo. Le pregunté cómo era la relación con su exmarido, y me dijo que era de idas y vueltas, es decir, que tomaban distancia frecuentemente, y que en esos lapsos de no convivir ambos acostumbraban a tener sexo con otras personas, y que incluso las seguían teniendo cuando decidían regresar como pareja, porque «eso es lo normal en el funcionamiento de todas las parejas». Es claro cómo esa percepción recreaba los fantasmas del pasado en su vida, que estaba en conflicto con su deseo presente de formar una relación de pareja diferente, nueva, con compromisos.

Si podemos estar atentos a cuando el ego nos ofrece sus «soluciones» basadas en el pasado, que en lugar de resolver han creado otros problemas, y abrir la mente a nuevas alternativas que reconocemos con una sensación de bienestar, estamos dando un paso importante en el sentido de pensar diferente, estar en contacto con nuestra creatividad, e indicándole al cerebro que active otros circuitos neuronales. Las espirales negativas de pensamientos son como discos rayados, suenan una y otra vez la misma canción, dicen una y otra vez lo mismo, cuentan el mismo cuento. Son ideas y emociones que se han convertido en hábitos. En la adicción al pasado.

Y cualquier cosa que sucedió y no hayamos aceptado para seguir avanzando se convierte en una vocecita tóxica que habla en la cabeza cuando no estamos alertas.

Es posible sanarnos emocional y físicamente, experimentar milagros, a través del pensamiento, y esto sucede cuando la vibración de nuestras ideas está alineada a la más alta vibración del universo, que es el estado de consciencia que llamamos amor. Un síntoma, conflicto o tensión es el efecto de un sentimiento, provocado por una emoción que sostiene unos pensamientos. Sí, la causa es mental, es invisible, el efecto es la experiencia en el cuerpo. De esto comprendemos que los problemas no son algo externo a nosotros, y no se resuelven solo con hacer algo afuera, sino desde un cambio de mentalidad y actitud interna.

Por eso la sanación es el encuentro con nosotros mismos, el Ser que realmente somos, en el presente.

Desaprender requiere de nuestra disposición. El pasado ya no está, ya pasó. Pongamos la atención en cuidar los espacios que hay hoy, en el presente en nuestra vida, y comencemos a recibir y gozar todo lo que está llegando. Hay mucho, mucho más por apreciar y agradecer.



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