Adiós a la teta

Hace un tiempo la palabra “destete” era tabú para mí. Aunque me sigue pareciendo inexacta, ahora la escucho con más apertura y empatía.

No tuve que aplicar el “destete” con mi primera hija, naturalmente, hacia los 18 meses, ella fue dejando el interés y yo me sentía abandonada en un rincón, pero luego como asesora, he visto que es un tema recurrente el cual, para proteger la lactancia y, sobre todo, la relación de la díada mamá/bebé, debe ser tomado por las manos de una consejera de lactancia, con escucha y entrega sincera.

¿Por qué es necesario, como madre, evaluar con ayuda experta el tema de la dejada de la teta? Porque muchos factores pueden estar incidiendo en la mamá que declara necesitar “destetar”, que probablemente no tengan que ver con la lactancia en sí misma y se desvíe una necesidad legítima de otro aspecto vital de mamá, o de la crianza, hacia uno de salud y vinculación que suele estar plagado de miradas prejuiciosas, como tristemente sucede con la lactancia.

Lo más importante: corremos el riesgo de volver al paradigma adultocéntrico cuando pensamos solo en una al destetar. Es un tema de dos.

Recapitulemos: la lactancia debería mantenerse hasta los dos años para terminar el proceso de inmunización, fortalecer al máximo desarrollo fisiológico integral y sentar las bases psicoemocionales de la persona. Es sabido, además, que la lactancia se relaciona con el mundo de la puérpera, cuyo contacto íntimo con su bebé contribuye con su equilibrio hormonal y psíquico.

Muchas veces suele haber tabúes infundados, desorientación sobre la alimentación infantil, o retorno al trabajo, ingreso a la guardería, angustia de separación por empezar a caminar, etc. momentos en los cuales la lactancia es más bien favorable. Ciertamente también puede existir una necesidad de mamá, válida cuando se analiza el caso en perspectiva amplia. El tema es re-conocer y estar atentos a la díada.

Chequea con una asesora de lactancia estos temas (o haz introspección) y seguramente encontrarás un punto de equilibrio entre las necesidades y circunstancias de ambos.

El destete tiene que hacerse de forma progresiva, y para que sea respetuoso, si se reconoce conjuntamente que es necesario, es recomendable hacer la transición adecuadamente y por fases, por lo que, de nuevo, lo más saludable es contar con una amorosa asesoría.

El adiós a la lactancia marca un antes y un después: Mamá aterriza del puerperio (si se hace antes puede desequilibrarse el portal de crecimiento que esto implica para la mujer) y bebé se encuentra consigo mismo, transiciones vitales del ser humano en las que media, nada más y nada menos, el seno materno. Vale la pena pensarlo.



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