Afganistán se cocina al sol

Ahí está Afganistán con sus recientes intentos de implantar una democracia necesariamente fallida. Intentos que vienen de afuera, que proclaman las ventajas de Occidente sobre un país con demasiadas cabras, demasiadas tribus y demasiadas montañas. Montañas a las que sólo llegan cabras y personas que se creen cabras, como escribió Doris Lessing.

Su PIB ocupa el puesto 111 a nivel mundial y, aunque la tasa de crecimiento de 2010 cerró en 8,2%, la desigual distribución de la riqueza dificultan cualquier movilidad social. Afganistán es árido en su clima y en su economía, pero Solar Cookers International ha encontrado una fórmula para usar el sol y la escasa industrialización del país. El único problema, según Patricia McArdle, es Estados Unidos.

Solar Cookers International es una organización fundada en 1987 con el objetivo de facilitar la cocción de alimentos en países pobres de África y Asia. Bajo la premisa de utilizar lo único seguro de esos lugares, han desarrollado distintos hornos que funcionan refractando luz solar hacia cajones de vidrio que concentran el calor y cocinan la comida en poco tiempo. Dicen que 30.000 familias se han beneficiado durante estos 24 años ahorrando kilómetros de esfuerzo para buscar madera, evitando enfermedades propias de los alimentos crudos y haciéndose autosostenibles en aldeas donde no existe electricidad.

Aunque 12% de la tierra afgana se utiliza en actividades agrícolas y el principal producto de exportación en ese rubro es el opio, lo cierto es que pocos países en el mundo son más orgánicos que Afganistán, donde la mayoría de personas consumen lo que cultivan. Bienvenidos sean los cínicos: ¿acaso tienen otra opción?

Hasta ahora la respuesta era no, pero Patricia McArdle, directiva de Solar Cookers International, asegura que Estados Unidos tiene nuevos planes. McArdle, es estadounidense, veterana de las fuerzas armadas y exfuncionaria de relaciones exteriores; durante un año fue consejera del Departamento de Estado en Afganistán y aunque su gestión asomó varias posibilidades de desarrollar una industria energética con recursos renovables (hay mucho sol y mucho viento), su país prefirió invertir dinero en occidentalizar de lleno el lugar.

Al día de hoy, la inversión en energía se concentra en generadores de diesel y explotación de petróleo, gas y carbón, de modo que la tradición afgana de desarrollo sustentable está en peligro. Por eso McArdle decidió dejar de trabajar para su gobierno y lleva cuatro años participando de lleno en Solar Cookers International, un pequeño David que parece el eco de 30 millones de afganos. Entonces, ¿cuál es el costo de la industrialización? ¿Por qué descartar el uso de recursos renovables?

Para la organización de los hornos solares es necesario escuchar lo que durante generaciones ha marcado la vida de cada aldea y, hasta el momento, la idea se ve prometedora. No existe cocina que reniegue del calor y no hay sol que no sepa darlo. La ecuación es simple; Occidente es más complicado.



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