Agradecer a quienes nos ayudaron a crecer

Esta es una buena época para agradecer a las personas que nos han acompañado y que lo seguirán haciendo a su manera. Tengamos en cuenta que nuestras relaciones jamás son automáticas, sin embargo, tienen algo de similitud con las máquinas: si no las lubricamos cada cierto tiempo, comienzan a rechinar. Por eso, es que es importante comenzar por apreciar y podría llegar al punto de decir: a alabar, los vínculos que tenemos.

Como constelador familiar que soy, en esta época pienso que es importantísimo hablarles del agradecimiento a quienes nos invitaron a vivir. A mi consulta llegan muchísimos casos de gente que me argumenta de las mil maneras por qué no pueden sentir alabanza y menos gratitud hacia sus padres. Por ello, decidí escribir este artículo: aclarando que no siempre nuestra alabanza y agradecimiento nacen del hermoso ejemplo a seguir que nos han dejado quienes nos dieron la vida.

Fernando Savater, en uno de sus escritos, cuenta que su más grande ejemplo de lo que no debía hacer en la vida se lo ofreció una de las personas que más ha querido: su padre. Él afirma que sólo amando la nobleza de lo que su padre no pudo ser, y apreciando la hermosa dignidad de lo que fue, es que ha podido crecer con dignidad y amor.

En mi caso, les confieso que siempre he lamentado no haber tenido una madre más expresiva de su afecto hacia con nosotros (sus hijos). Me sentí movido cuando leí de Erich Fromm en “El arte de amar” que la leche es un gran símbolo de amor y cuidado. Yo fui -para mí- desmamantado precozmente. Sigue Fromm diciendo que “…la miel simboliza la dulzura de la vida, el amor por ella y la felicidad de estar vivo. La buena madre, como la mejor tierra prometida, es la que no sólo da leche a sus hijos, sino también miel. La que les contagia su amor a la vida y no sólo asegura su subsistencia. Es posible distinguir, entre los niños y los adultos, que sólo recibieron leche y los que recibieron leche y miel…”.

Tanto Savater y Fromm tienen argumentos sumamente válidos, ambos nos demuestran que las relaciones con nuestros padres nos marcan por siempre, ahora bien, hayan sido como ellos hayan sido, podemos aprender a equilibrar lo mejor posible el dar y recibir, generando una mejor compensación con ellos y con nosotros mismos.

Este trabajo nunca se termina. Es una lección de vida, por algo nos tocaron los padres que nos tocaron: ellos son los correctos para cada uno de nosotros. Ellos son nuestros primeros maestros en nuestro camino de crecimiento, el cual transitaremos con mayor temple si les agradecemos por ayudarnos a crecer.

Así también podemos agradecer al resto de nuestros maestros en la vida: hermanos, hijos, familiares, amigos, e incluso las personas que han preferido distanciarse de nosotros. Todos nos han enseñado, queda de nuestra parte captar la lección.

Para cerrar, les deseo mucha alabanza, gratitud, amor y compasión.



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