¡Ahh, era eso!

Hay hábitos que de verdad nos juegan el gol en contra. Nos fajamos, sudamos como cochino chiquito en el gimnasio, comemos sano, pero tenemos ciertas cositas dentro de nuestra cabeza, acciones que nos hacen actuar como en piloto automático, que nos echan la partida para atrás. Y aunque parezcan tontas, hacen que nuestras metas de pérdida de peso se vuelvan lentas o simplemente, desaparezcan del todo.

Si andas revisando por qué todavía te aprieta el pantalón en la cintura cuando sientes que haces dieta todos los días, hay que revisar tus hábitos. Aquí te dejo algunos de ellos, identifícalos y di «¡ahhh era eso!»… Sácalos de tu vida y así podrás tener una vida más fit y con menos sensación de no saber «qué es lo que estoy haciendo mal».

Te portas bien todo el día pero en la noche te vuelves loco: le pasa a más de uno, amanecen cada día con más ánimo que presentador de programa de concurso. No comes ni una miga de galleta durante todo el día y te sientes de 20 puntos. Pero a medida que se va apagando la luz, los ánimos empiezan a decaer. Se impone el cansancio y con él, las malas elecciones. La solución es estar pendiente de hacer tus cinco comidas completas (importantísimas las dos meriendas) y alejar de tu casa las tentaciones como chips o pan blanco. Lo que sea tu pecado, sácalo de tu vista.

Comes mucho antes de cenar: llegas a la casa y empiezas a comer. De a poquito, nada formal. Un pedacito de queso, un poquito de pan, este chocolatito no me va a hacer nada. ¿Te suena familiar? si llegas a la casa con hambre y queda mucho tiempo para la cena, pero no tanto como para hacer una merienda, toma agua y distráete. No te quedes pegado en la cocina. Y si de verdad el hambre te está matando, pues cena temprano que a nadie le va a caer mal eso.

ah-era-esoTrabajas en tu casa: sea cuidando a los chamos o que tengas tu oficina en tu casa, el acceso a la comida es súper 24/7. Te fastidias y con solo unos pasos, estás frente a la nevera «viendo que hay». Esto no tiene que ser así. Vuelvo a lo de las meriendas, mientras más fiel seas con tus comidas completas (5 o 6 si tu jornada es realmente larga) puedes tener en tu mente el pensamiento que cada 3 horas vas a comer algo y que no es necesario ir a saludar a tu nevera cada hora.

Te comes las meriendas de tus chamos: claro que a los niños les encanta un dulce, si a uno que es un viejo también le gusta ¿no? Les das una galleta y tú te comes dos. Deja un poco de la pastita que le hiciste, y terminas poniéndole más queso y comiéndola tú. Y de ahí pa lante, el carro va en bajada. Una cosa importante que puedes hacer con tus chamos es controlarles el consumo de dulces, y ofrecerles otras alternativas. Recuerda que en tu casa, tú puedes ser un dictador y hasta que ellos no paguen por su comida, pues que aprieten. Ofréceles frutas, yogurt, y otras cositas sanas que puedas compartir con ellos. Sobre lo que sobra de tu bebé, no lo adereces ni nada, simplemente no te lo comas y punto.

 



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