Al mal tiempo…

«Cuando un hombre cambia sus pensamientos hacia las cosas y las personas,

las personas y las cosas cambian».

James Allen

Dos cosas he leído en estos días que me han llevado a querer escribir sobre algo en lo que llevaba pensando un tiempo. Una de esas cosas que leí era el mensaje de una joven de mi país que se mostraba sumamente molesta porque veía que ese domingo se estaba realizando una actividad recreativa en su ciudad en la que se invitaba a la gente a participar en una carrera simplemente por diversión para luego compartir un domingo de esparcimiento en familia. La joven estaba muy disgustada con que se hiciera dicha actividad y más porque la gente asistiera ya que, en su opinión, la grave situación que estamos pasando en nuestro país nos debe alejar de ese tipo de actividades porque pueden dar el mensaje al mundo de que aquí todo está bien. En otro mensaje, otra joven sostenía que a los venezolanos nos habían quitado todo porque los venezolanos le buscamos solución a todo, que si nos quitaban la harina usábamos yuca, por ejemplo.

Las dos lecturas me ratificaron la verdad de lo que he leído tantas veces en este difícil camino de crecer un poco cada día: los seres humanos buscamos afuera lo que simplemente está adentro. Estamos buscando un culpable sobre el que descargar nuestra frustración y nos olvidamos de que es dentro de cada uno donde está la respuesta a todo lo bueno y lo no tan bueno que nos pasa en la vida.

Afortunadamente, nosotros los venezolanos, y no dudo que la gran mayoría de los latinoamericanos seamos así, siempre le buscamos el lado bueno a cada situación, hacemos un chiste de lo que nos acontece, le buscamos la vuelta a las cosas. Tenemos la gran bendición de saber reír aún en los momentos más difíciles y de crear soluciones cuando los problemas parecen irresolubles. Eso, a mi modo de ver, es una característica que lejos de ser negativa ha sido una ventaja para la supervivencia no solo de los venezolanos, sino del ser humano en general.

Cuando uno lee experiencias de personas que vivieron el Holocausto y lo hicieron desde la sonrisa a pesar de la muerte, desde la esperanza a pesar del horror; cuando se ven tribus en África en las que con todo lo malo que pueda estar sucediendo no dejan de realizar sus ritos y bailes ancestrales, donde ríen y ponen su energía en ello, no puede uno menos que pensar que algo bueno debe haber en plantarse ante los golpes de la vida con la sonrisa enganchada en la seguridad de que todo pasa.

Es ilógico pensar que si mantenemos la idea en nuestra mente de que todo está mal, de que no hay esperanza, de que no vale la pena nada, podremos en algún momento salir de esa situación. Esto vale tanto para las personas como para los países. La desesperanza, el desánimo, el negativismo y la queja nos paralizan. Desde ellos no puede surgir ninguna solución a los problemas. El buen humor, la risa fácil, la esperanza y la creatividad son los estados óptimos para crear las condiciones que queremos vivir.

Siempre recuerdo una frase de Wayne Dyer: «El amor y el perdón lo inspiran a trabajar por lo que usted desea, en vez de por lo que está en contra. Los pensamientos de resentimiento, ira y odio representan energías bajas y debilitadoras que lo despojan de su poder, si logra soltarlas conocerá la paz».

En mi libro Organiza tu clóset mental… y vive mejor escribí: «Cuando ríes es difícil que un mal pensamiento te atormente. Es una forma muy agradable de limpiar nuestro clóset mental. El humor ayuda al cerebro pues permite que funcionen ambos hemisferios de manera simultánea. Algunos investigadores afirman que la risa ayuda a aumentar la flexibilidad y creatividad del pensamiento».

Si tu actitud es de queja constante y te consideras víctima de las circunstancias, pues serás víctima de las circunstancias. Así que aunque la situación este difícil, ríe; si te encuentras una piedra en el camino, sáltala o rodéala; si el país anda con mala cara devuélvele una cara sonriente y contribuye con tu actitud positiva a crear el país y el mundo en el que quieres vivir. Y como dice el dicho «al mal tiempo, buena cara».



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