Al nacer no tenemos idea de límites

Al nacer no tenemos idea de límites

Al nacer no tenemos idea de límites, por lo que el trato que recibimos durante nuestros primeros años, marca el resto de nuestra vida.

Cuando somos niños, nuestros representantes son como faros que nos guían. Por ello, lo ideal es que emitan señales claras y regulares, en la mayor comunión posible. Decir: “sí” o “no”. Muchas veces quienes crían dicen algo parecido a “ni” (ni no ni sí) o “so” (ni sí ni no), lo que crea un caldo de cultivo de comportamientos poco beneficiosos.

La guiatura que se recibe en la infancia resulta vital en la pubertad, ya que allí se da la definición de la personalidad, y experimentamos las primeras crisis existenciales.

Cuando la crianza está asentada en bases sólidas (determinadas por los acuerdos de nuestros protectores) nos vemos más posibilitados para desarrollar una autoestima saludable.

Las parejas más exitosas son las que desarrollan una buena capacidad para alcanzar acuerdos. Hay que tener presente que todas las personas piensan, sienten, y, por ende, funcionan, de maneras distintas; sin embargo, casi siempre es posible alcanzar acuerdos gracias a la negociación.

Imagen de Madlen Deutschenbaur en Pixabay



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