Algo está cambiando en el amor

Algo está cambiando en el amor

Dicen que, muchas veces, «el amor de tu vida llega después del peor error de tu vida». Esta es una frase que consuela a esos corazones destruidos por haber hecho una mala jugada que confundieron después con el amor. Crecimos escuchando que «el amor está en todas partes», esperanzadora afirmación que nos invita a aferrarnos a la idea de que no todo es como lo que sufrimos. ¿Eso quiere decir que no todo es como lo que amamos?

Dicen que el primer amor de todos es nuestra madre o nuestro padre. Dicen que los hermanos son los enemigos del pasado, y que el amor llegará a tu puerta cuando menos lo esperes. Se dicen tantas cosas que, al final, todas las historias de amor terminan sonando igual. Pero ¿son esas historias las que suceden en la vida real? Me gustaría creer que sí.

El amor es un ejercicio, así como la creatividad, el talento y el sexo. El amor necesita coaching, instructores que jueguen sus respectivos roles, que ejerciten los músculos del deseo y la lujuria, pero también los de la tolerancia y la complicidad. Digo esto porque es lo se dice por ahí; de hecho, es lo que sostienen muchos filósofos, aunque no públicamente.

Hay rumores que afirman que todos nos hemos enamorado, que cada uno ha vivido al menos una verdadera historia de amor, que ha sufrido y ha amado al mismo tiempo, que sabe lo que es el anhelo y la querencia. Sin embargo, a veces me invade la duda, pues un sentimiento tan bien definido, como lo es el amor, suele ser asimismo subjetivo. Pero ¿acaso la subjetividad es pariente del amor? Si hasta ahora creímos que sí, de seguro es por culpa de los poetas.

Existe también lo que yo llamo «el morbo de los sentimientos encontrados», es decir, sentir al mismo tiempo deseo y rencor por alguien. Cuántas veces has amado y odiado a una persona el mismo día, cuántas veces has admirado a esa pareja que no se ama, pero que grita digitalmente al mundo que sí. ¿Acaso el amor está hecho de píxeles y bytes? Comienzo a pensar que para muchos «puede ser».

Lo cierto es que hoy en día las canciones ya no hablan del amor, las películas ya no se lo toman tan en serio y las cartas… hace rato que se dejaron de enviar. La vestimenta del amor parece haber caducado, mutado o evolucionado. Entonces, ¿el amor sigue o se fue? Claramente hay dos respuestas posibles, pero solo puede ser correcta una de ellas, pues, como los pintores, considero que en la intensidad del rojo no hay lugar para los grises.



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