Algo para agradecer

Los seres humanos debemos pasar por alguna situación extrema para comenzar a comprender que la vida es mucho más que sueldo, trabajo y apariencias. Una segunda oportunidad nos permite corregir errores, amar más a la familia y ser más compasivos con el prójimo.

Mi sobrino me comentaba que mientras su auto daba vueltas y caía varios metros montaña abajo, varios pensamientos sobre sus vivencias desde pequeñito pasaron por su mente como una película en cámara lenta y en la cual todos fuimos protagonistas: mamá, papá, hermanos, esposa, tíos, abuelos y amigos. Esa película transmitió lo que verdaderamente importa y tiene valor. Allí no hubo carros, trabajo, joyas ni prendas de vestir. Solo sentimiento genuino, cariño sincero y amor real.

Mi amiga Adriana sobrevivió a un coma de dos meses luego de una aparatosa caída en bicicleta. Esta semana cumplió 3 años de haber renacido. Siempre fue una mujer muy alegre, pero hoy lo es mucho más.

Las segundas oportunidades en la vida ponen a cada uno donde debe estar. Nos ofrecen ser felices cada día y mantenernos tranquilos ante esa felicidad. Nos dan la oportunidad de ser humildes, de realizar buenas acciones, rodearnos de incondicionales amigos y llenarnos de sentimientos de bondad.

Dios creo una nueva oportunidad para mi sobrino y para todos los que estamos a su lado quienes agradecemos a la vida por este segundo chance que nos ha ofrecido. Las situaciones críticas, sean físicas o emocionales, nos llevan a profundas reflexiones sobre cuáles deben ser nuestras prioridades y, continuar trabajando para convertirnos en mejores seres humanos, debe ser una de ellas.

La vida hay que agradecerla, bailarla, cantarla y disfrutarla a cada instante porque como decía Charles Chaplin: “…es una obra de teatro que no permite ensayo. Por eso vive intensamente antes de que baje el telón y la obra termine sin aplausos”.

 



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