Alguien tiene que irse

“¿Por qué seguimos en una relación insana a sabiendas de que no nos aman? Esperar a que te quieran puede ser una de las experiencias más humillantes y tristes en la que tenemos que afrontar realidades como: “Ya no me abraza, ya no se preocupa por mi” o “nunca me he sentido realmente amada o amado”. ¿Qué esperas.., entonces? Mendigar amor es la peor de las indigencias, porque lo que está en juego es tu persona, y si el otro, el que está por “encima”, lo que nos da son limosnas, no te merece. ¿Quién tiene el poder en una relación? No es el más fuerte, ni el que tiene más dinero; es el que necesita menos al otro. Si tu pareja puede prescindir de ti mucho más fácil de lo que tú puedes prescindir de él o ella, hay que equilibrar la cuestión. Una persona honesta jamás estaría con alguien a quien no ama para corazon_agujasaprovecharse de ciertos beneficios, llámese comodidad, dinero, compañía, etcétera. Si no te quieren, no es negociable. ¿Qué vas a negociar, que acuerdos vas a proponer si no hay sentimiento? ¡Qué mala consejera puede ser a veces la esperanza! En ocasiones, la crudeza de la realidad o la más dolorosa desesperanza nos quita la carga de un futuro inconveniente. Si bajara un ángel y te dijera que tu pareja nunca podrá amarte de verdad, por lo menos como te gustaría y te mereces, ¿seguirías manteniendo la relación? ¿Qué harías? Para mi es claro que si alguien titubea o duda de que ama, no me ama. Frases como, “Dame un tiempo”, “Déjame pensarlo” o “No estoy seguro” reflejan solo excusas, mentiras o miedo. Si es evidente que no te quieren y sigues allí a la espera de la resurrección amorosa, dispuesta o dispuesto a responder a cualquier insinuación, te extralimitaste: ¡estás del otro lado! Y si tu sensación de insatisfacción afectiva persiste a pesar de tus justos reclamos, ya tienes resuelto el problema. No hay dudas: no te aman y ¡alguien tiene que irse! («Cuando no te quieren» Walter, Riso).

Desde niños nos cuentan historias de princesas y príncipes, donde el príncipe consigue a su princesa derrotando a los malos,  y la historia se desarrolla de lo más bonita y romántica,  en la cual todo es amor y perfección, y mientras tanto nosotros diciéndonos a nosotros mismos, “esa es la historia  de amor que yo quiero cuando crezca”. El cuento finaliza con una bonita boda y la acentuación de que los príncipes fueron felices ¡para siempre!  Pero en realidad, ¿cuál es la verdad después del “colorín colorado”? ¿Qué pasa cuando sentimos que nuestro cuento de amor no se está desarrollando como aquellas historias que nos contaban cuando éramos pequeños? En ocasiones, las personas nos empeñamos en hacer funcionar ese cuento que dentro maletade nosotros sabemos que no nos lleva a ninguna parte. Un empeño que nos mantiene en el sufrimiento. Pero, ahí seguimos.  A lo largo de mi carrera he oído frases como: “es que yo lo amo”, ok, y yo pregunto: ¿y él? , “yo estoy con él por mis hijos”, ok, ¿y tu felicidad?, “es que no me imagino mi vida sin él, ok, ¿y cómo es tu vida con él?.

A menudo en nuestra cultura, el amor es relacionado con sufrimiento y sacrificio, pero con un toque dramático de romanticismo. Es como si sufrir por amor fuera algo ilustre que hay que sentir para poder justificar estar enamorado. Cuando en realidad, suena más a pretexto para quedarnos ahí  y no ver el por qué de nuestro sufrimiento. El amor no es cuestión de tolerancia sino de respeto. Tampoco de obligación, si no de compromiso voluntario.

Si lo has hablado, lo has intentado, y no ha funcionado, está claro que ¡alguien tiene que irse!

 



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