Alimentarse para ser feliz

Sentarse a la mesa y devorar un delicioso manjar, probar platos nuevos, o simplemente comer un poco de eso que tanto nos gusta es, sin dudas, un poco de felicidad. Comer, además de una necesidad, es un placer. Y está más que comprobado que algunos alimentos son capaces de activar nuestras zonas del cerebro relacionadas y la producción de serotonina, también conocida como la “hormona de la felicidad”.

Aunque el cuerpo produce esta hormona de forma natural, producto de la síntesis de la glucosa y triptófano, unos ajustes en tu alimentación pueden ayudar a que sus cantidades aumenten, generando que tu humor mejore para enfrentar el día a día.

Entre los alimentos que te ayudarán podemos destacar a los frutos secos, altos en magnesio, con propiedades antiestrés sobre el organismo, por lo que reducen la ansiedad y mejoran el sueño. Otros que no deben faltar en tu dieta son el pescado, la carne y huevos: ricos en carbohidratos y ricos en profanos; combinación que se traduce en vitalidad y bienestar.

Por otro lado, el cambur, la piña, el aguacate y la ciruela están entre las frutas que más acción tienen en la producción de serotonina; mientras que otras como la naranja y el kiwi también te aportan vitamina C, vital para fortalecer tu sistema inmunológico ante cualquier situación de estrés o virus.

Finalmente, está el que parece ser el rey de la serotonina y, por tanto, de la felicidad: los derivados del cacao, también léase como chocolate. Su sabor y el placer de comerlo producen endorfina, inhibidor de la transmisión del dolor, y está lleno de triptófano.

Siendo el desayuno la primera comida del día, es un momento perfecto para incluir en nuestro plato alguno de estos alimentos. No solo para comenzar el día con buen pie, sino también porque la mañana es el mejor momento del día para que el organismo procese los azúcares. Eso sí, recuerda que la moderación es fundamental cuando de alimentación se trata; así que no debes excederte, ya que una sobrecarga de glucosa y triptófano harán que tu cuerpo tenga que trabajar en demasía, lo que se puede traducir en un poco de cansancio.

De lo bueno, lo justo… Dicen algunos por ahí, ¿no?



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