Altruismo o ¿por qué ayudamos a los otros?

Todos conocemos la teoría de la evolución de Charles Darwin: un día un miembro de una especie determinada presenta una mutación que le es beneficiosa por algún motivo. Puede ser un color de piel que lo haga menos visible ante sus enemigos, o algo que lo haga correr un poco más rápido y pueda alcanzar más presas y comer mejor. El caso es que esa pequeña ventaja le permitirá vivir más y tener más hijos, los que a su vez, tendrán la misma ventaja y también tendrán más hijos. Unas cuantas generaciones después, todos tienen esa características y decimos que la especie evolucionó. Después se presenta otra mutación y una nueva característica se desarrolla. Eventualmente, si la mutación no es beneficiosa, el que la tiene muere más rápido y la característica desaparece. Así, poco a poco, fuimos pasando de simples células a animales multicelulares y a las plantas y los animales que tenemos hoy en día, hasta llegar al hombre.

Sin embargo, hay una característica que hasta al mismo Darwin le produjo dificultades para explicarla y es el altruismo. ¿Qué pasa cuando tenemos o hacemos algo que beneficia a los demás, pero que no trae ninguna ventaja para el que lo hace? Peor aún, ¿que pasa cuando ese elemento se sacrifica y muere? Obviamente, el miembro que tiene el gen de sacrificarse por demás no puede pasar ese gen a sus descendientes, o por lo menos tiene menos chance que los otros, entonces ¿cómo aparece el altruismo? No parece ser producto de la selección natural.

honey-beeIlustremos esto con un ejemplo. Todos hemos estado en contacto alguna vez con un panal de avispas o peor, de abejas asesinas. Si nos acercamos mucho, las avispas perciben eso como un peligro para la comunidad y nos atacan. Pero la avispa que pica deja el doloroso aguijón clavado en la víctima… y parte de su cuerpo, por lo que pocos momentos después muere. ¿Por qué se sacrifica la avispa por el grupo? Obviamente el “gen” de sacrificarse no pudiera ser trasmitido. Por lo que debería desaparecer y existir sólo avispas que no piquen o en todo caso, que no se mueran al picar.

La respuesta del propio Darwin fue lo que se llamó la selección por multiniveles. Un proceso similar al que describimos al principio pero que toma en consideración al colectivo. En ciertos casos, una mutación que es mala para el individuo es beneficiosa para el colectivo y permanece. La muerte de la avispa es mala para ésta, pero el avispero se salva. Se preserva el principio de la selección natural, pero ya no a nivel de individuos sino de colectividad. Aquellos avisperos que tienen avispas que se “sacrifican” perduran más que aquellos que no y por lo tanto el avispero, como conjunto, progresa.

BIG-FAMILY2Por los años ’70 del siglo pasado apareció otra teoría parecida, pero en la que el “beneficio” se computa no para el colectivo, sino para la familia. Y ésta se contabiliza a partir del número de genes que comparten conmigo. Así pues, yo comparto aproximadamente 50% de mis genes con mis hermanos. Si mi sacrificio implica que sobreviven  más de dos hermanos, hay una ganancia neta de genes y vale la pena el sacrificio. Si se trata de primos, que comparten conmigo sólo el 12,5% de los genes, mi sacrificio sólo se justifica si se salvan ¡por lo menos 8 primos! La gran ventaja de esta teoría es que permite “calcular” la posibilidad de que ocurra un acción altruista: lo que se pierde por la acción altruista se compara con las ganancias de los miembros de la familia extendida y si el resultado es positivo, se aplica. En las avispas y abejas, es fácil pues, como sólo hay una reina que produce crías, la mayoría de las avispas son “hermanas” y el sacrificio de una de ellas, beneficia a muchas hermanas.

Después de muchos años, no se ha decidido todavía cuál de estas dos teorías prevalece, algunos son acérrimos partidarios de la selección multiniveles y otros de la selección por el pool de genes familiar.

En cualquier caso, está demostrado que el altruismo no ocurre porque nuestros padres nos dijeron que teníamos que portarnos bien o que en las clases de catecismo no decían aquello de hacer bien al prójimo. No, es una tendencia que llevamos en nuestros genes.

Obviamente algunos las potencian y son más generosos que otros, más dispuestos a hacer el bien a los demás. Igualmente hay quienes son realmente egoístas y sólo piensan en el bien propio. En cualquier caso, está demostrado que hay una tendencia evolutiva a hacer lo que maximice, al individuo, a la familia y al colectivo.



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