Amamantar en libertad

Cada quien es libre de escoger lo que más le conviene o se adecúa a sus circunstancias personales. Pero ¿qué tanta libertad podemos poseer para tomar una decisión, cuando no contamos con la información relevante y el apoyo externo para ello?

La lactancia (o toda la crianza) es una situación ejemplar para hacerse esta pregunta.

No se trata de que la lactancia sea mejor o peor que la utilización de fórmula, se trata de que muchas veces se decide una u otra cosa sin tener claros los mensajes sobre lo que acontecerá. En el caso de la lactancia materna, muchos abandonos se observan por lacks de información y renuencia (desde luego, inconsciente) a la entrega al “tiempo sin tiempo” que es la crianza de los primeros años.

Y no es que esa mamá, que se pregunta por qué su bebé la reclama constantemente y quiere estar al pecho todo el tiempo, no tenga capacidad de entrega ni suficiente amor, nada más lejano. Se trata de que NO somos libres.

Nos rigen la velocidad, la opinión exterior, las obligaciones impuestas, las relaciones de autoridad con familiares y pareja, y sobre todo, nos rigen la desnaturalización y el miedo de desplegar el poder inmenso que hay en nosotros. No nos rige el contacto piel con piel y la fluidez de los estados alterados de conciencia que propician los cocteles hormonales desatados en esos momentos de maternaje. Está invertida la prioridad.

Pero lo cierto, lo que nos pasa, es que esa escisión viene por nuestra falta de confianza y contacto con la naturaleza. Habría que ahondar en las causas de esa ruptura (que viene de generaciones pasadas) y la herida que nos ha llevado a fabricar la coraza de desapego y distancia que mostramos hoy, incluso con nuestros bebés.

Ten calma, vive un día a la vez. Confía en ti y únete a mujeres, consejeras, madres, tribu, que te reflejen esa autoconfianza y te apoye en las brechas de la lactancia y la crianza. Descubrir nuestra verdad personal, encararla, no solo nos hará mejores madres y padres, sino que re-aprenderemos a ser libres.



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