Amarás a tu enemigo como a ti mismo

Hace unos días, una lectora de Inspirulina decía en un comentario del sitio web, que es importante poder transmitir el propio crecimiento interior con quienes nos rodean, sobre todo los seres queridos. Efectivamente, estar bien y en armonía con uno mismo es fundamental para poder transmitirlo a nuestro entorno, incluyendo sin dudas a los seres queridos.

Ahora, el gran desafío, yo creo, consiste en también poder transmitir ese estado de armonía interior, esa buena vibración o energía positiva, a los seres no queridos. Es decir, a fin de cuentas todos somos capaces, en mayor o menor medida, de tener buenos pensamientos y sentimientos con las personas por las que sentimos afecto y cariño (incluso cuando ellos también son los primeros en recibir las malas ondas cuando estamos mal).

hoja_corazonLo difícil, entonces, es desear el bienestar de seres que están más allá de nuestro círculo afectivo normal. Por ejemplo, un enemigo acérrimo de toda la vida, o un miembro de la familia con el que tuvimos un desencuentro pasado o, simplemente, el automovilista que esta mañana nos bloqueó el paso en frente al semáforo.

Puede que alguien pregunte, ¿cuál es para mí el beneficio al hacer esto? Pues, muchos y grandes. Para empezar, si uno está en paz con lo externo y no genera situaciones de odio ni conflicto, también poseerá mayor calma interior. Luego, si uno transmite buenas energías, aunque sólo sea en un plano sutil y no-verbal, está generando un entorno más sano que beneficia a todos, incluidos nosotros. Asimismo, el ‘forzar’ estos pensamientos positivos tiene un efecto purificador en uno mismo, ya que deja la propia mente vacía de negatividad.

Siguiente, ya fue Gandhi quien dijo y dejó claro que ‘el ojo por ojo dejará al mundo ciego’, por lo que enviar buenos sentimientos hacia el prójimo siempre favorece la convivencia colectiva. Por otro lado, si nos atenemos al karma, la ley cósmica de causa y efecto, mientras más buenas intenciones tengamos con los demás, más retribuciones positivas obtendremos. Con otras palabras, el Señor Jesucristo, entre muchos otros, enseñó lo mismo: “Todo cuanto deseéis que os hagan los hombres, hacédselo también vosotros a ellos” (Mt. 7, 12).

A este respecto, el budismo enseña un tipo de meditación llamada de la ‘amorosa bondad’, que consiste en desarrollar de forma consciente y activa corrientes de amor hacia uno mismo, hacia los seres queridos y, también, hacia aquellos que nos resultan indiferentes e, incluso, aquellos que no nos agradan.

Personalmente, me parece una práctica muy profunda y muy útil. Amarse a uno mismo de forma correcta puede ser difícil, pero amar a los que no nos caen bien o nos han herido de alguna forma, es de valientes. Requiere una dosis de coraje interior, de apertura mental y de compasión, el estar dispuestos a compartir nuestros pensamientos de amorosa bondad con todos los seres que, en principio, no nos importan, o ni conocemos o, ya fue dicho, nos desagradan.

meditando_parqueEn este sentido, la filosofía de la India contiene un famoso mantra que reza:

Loka samastah sukhino bhavantu

Su traducción básica es, “Que todos los seres del mundo sean felices”.

Esta idea de bienestar universal trasciende los seres humanos y realmente se refiere a todos los seres vivos, ampliándose mucho más allá, por supuesto, de nuestros seres queridos o de los niños desnutridos del tercer mundo, que en todos despiertan compasión.

La mayoría de nosotros siempre decimos que deseamos un mundo mejor y que queremos crecer como personas. El amor consciente y activo hacia aquellos que no nos gustan es, entonces, un cambio de patrón mental radical que pone a verdadera prueba cuán profundas son esas buenas intenciones.



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