¿Amas o necesitas?

¿Amas o necesitas?

¡Ring, Ring! Suena el teléfono y una voz te dice: “Mi amor mi vida no tiene sentido sin ti, soñé que me dejabas y te llamo para decirte que yo te amo, que vivo por ti, que eres lo más importante de mi vida  y si tú me dejas yo me quito la vida”. Esto suena a amor, pero en realidad estas frases encierran más que amor. Lo cierto, es que este es el perfecto diálogo de una persona que sí siente lo que está diciendo, sufre de dependencia emocional hacia su pareja. Las frases de no poder vivir sin alguien y el “si tú me dejas yo me quito la vida”, son palabras de una persona que ha perdido su autonomía y libertad de ser humano.

El dependiente emocional  se ve necesitado de este sentimiento y lo confunde con el amor.  La relación se convierte en la medicina para reforzar su autoestima y otras carencias emocionales. La persona que sufre de ello, padece cuando no tiene a la persona cerca o cuando su mente percibe a la otra persona físicamente y emocionalmente alejada. Su vida gira inconscientemente en torno a esa persona, impidiéndole separarse por largos períodos de tiempo, e inhabilitándose de tomar decisiones por ellos mismos. El dependiente emocional busca ser amado, valorado y comprendido a través de la opinión de la pareja, en vez de buscar esos sentimientos en ellos mismos.

Vivir y compartir la relación con una persona que padece de dependencia emocional no es sencillo. Se produce una sensación de asfixia, de falta de espacio personal, además de tener que sufrir quejas, súplicas y constantes reclamos providentes de sus celos, miedos e inseguridades. Siendo, en muchas ocasiones, un gran determinante para que la otra persona deje la relación.

El dependiente emocional tiene miedo a la soledad y al abandono, con una tendencia a posponer sus necesidades y deseos por las demandas de los demás. Esta aptitud les lleva a decir, “SI”, cuando muchas veces desean decir, “NO”.  En ocasiones, las personas con dependencia emocional permanecen en relaciones abusivas y problemáticas, poniéndose en riesgo físico y emocional. La necesidad de afecto les hace soportar maltratos, hasta el extremo de poner en riesgo su vida.

Uno de los grandes inconvenientes de las dependencias afectivas es la incapacidad de ver el problema. Pregúntate si tienes  la sensación de que estás viviendo para esa persona y que lo estás entregando todo, ¡hasta tu  propia felicidad!, con tal de que la persona que está cerca de tuyo sea feliz y no te deje.

Lo sano es reconocer nuestras cualidades y talentos, sin necesitar en todo momento aprobación de los demás, aunque… ¡los halagos son siempre bienvenidos! Querernos y respetarnos, es la única forma de evitar la dependencia emocional. A veces, aquello que creemos que es amor, es soledad o miedo y creamos un vínculo afectivo que se convierte en una dependencia emocional.

En realidad, la dependencia emocional es poner nuestra felicidad en manos de otras personas. Y ¿qué pasa con lo que nos hace felices a nosotros? Ahí es cuando al final de nuestra vida aparecen todos los efectos secundarios de la dependencia emocional con un profundo resentimiento y vacío, acompañados de una voz interna diciéndonos, ¡Y yo que me sacrifique tanto por ti!



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