Ambición versus avaricia

«Seamos ambiciosos con los segundos, minutos, horas y días que nos quedan en este mundo».

Compartía la siguiente reflexión en una conferencia que dictaba hace algunos días: Necesitamos imprimirle ambición a nuestra actitud para alcanzar nuestros objetivos.

Contrario a lo que muchos piensan, la ambición es positiva. El término viene del latín ambitio, que significa el deseo ardiente de obtener o poseer algo grande. El problema se presenta en los seres humanos cuando confunden ambición con avaricia. Avaricia viene del término en latín avaritia, que significa el deseo de lograr algo en detrimento de sí mismo o de otras personas. Significa el afán o deseo desordenado y excesivo de poseer algo. Conclusión: alimenta ese deseo profundo por alcanzar tus metas, sin que eso te destruya a ti o a quienes te rodean.

Otro problema es que en muchas personas no existe un deseo profundo de algo, no existe la convicción por algo. Tal parece que estamos atrapados en el día a día con el único propósito de cumplir con la tarea que nos hemos o nos han asignado y sin la posibilidad de reaccionar.

A veces solo contemplamos y aplaudimos los logros y éxitos de quienes nos rodean, asumiendo que eso solo le sucede a seres especiales, a personas marcadas por la fortuna y el destino, cuando la verdad es que le puede suceder a cualquiera, pues el único requisito para triunfar es tener la determinación y el deseo profundo de lograr algo en base a una meta.

Pensemos en Beethoven y en su legendaria frase: «Agarraré el destino por el cuello y lo desafiaré». Lo dijo un hombre que entendía lo que significaba enfrentar la adversidad y vencerla. Un músico que desde muy joven desarrolló un deseo y amor profundo por la música, que a pesar de no contar con sus padres desde muy joven y de tener que encargarse de sus hermanos cuando solo era un adolescente, nunca abandonó su propósito. ¿Por qué? Porque sabía que el valor de la vida se sustenta en saber hacia dónde se va, en perseguir algo, en estar convencido de que la felicidad está en la trascendencia. Tal vez por eso mantuvo su ambición viva aun en los momentos más difíciles, porque sabía que ese sería su combustible para poder culminar su misión en esta vida.

Beethoven dijo: «¡Valor! A pesar de todas las flaquezas del cuerpo mi genio triunfará. Veinticinco años, los tengo ya y es necesario que en este año el hombre se revele todo entero».

Seguramente esta declaración podría explicar por qué un músico, 4 años después de quedar completamente sordo lograra crear la novena sinfonía, una de las composiciones musicales más brillantes de la historia. 3 años después, muere.

Definitivamente no quiero formar parte de esa extensa lista de humanos que viven como si no tuviesen que morir nunca, y que mueren como si nunca hubiesen vivido.



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