Amor con hambre no dura. Razones económicas del divorcio

Dicen que el amor de pareja lo acepta todo, si las dos personas se convierten en una sola, si son dos almas gemelas, que se casan y permanecen juntas hasta la muerte… Pero también hay una famosa frase, que indica “amor con hambre no dura”, y parece ser cierta cuando exploramos las razones económicas de peso en el divorcio.

Aunque suene poco romántico, la principal viabilidad del matrimonio en la actualidad es financiera, especialmente en economías en crisis o recesión, donde el entorno exige que la “sociedad matrimonial” genere ingresos suficientes para compensar la inflación, escasez y todos los desequilibrios macroeconómicos que se presenten. Si alguno de los dos en la pareja está desempleado o genera ingresos insuficientes, se incrementa la probabilidad de “ruptura del encanto” por parte del otro, pues el esposo o esposa que percibe más ingresos o que está empleado siente toda la carga financiera del hogar y de la familia, lo que termina afectando negativamente sus emociones por el otro, de mantenerse por mucho tiempo el desequilibrio económico del hogar.

Tarde o temprano, subsidiar a una pareja en una economía en crisis o recesión, se hace cada vez menos viable. Pero el problema no culmina allí, pues el divorcio tiene además impacto sobre el bienestar de la familia involucrada en la ruptura, pues los efectos negativos se ven reflejados en situaciones de mayor vulnerabilidad y de deterioro del capital del hogar. Filgueira (1996) y Katzman (1997) concluyen que los niños de padres divorciados tienen impactos emocionales y financieros, al dejar de percibir la protección y la subvención directa de uno de sus padres.

Obviamente, si el matrimonio es una sociedad de producción y consumo, que cumple con funciones económicas de división del trabajo, inversión y acumulación de riqueza; su ruptura tiene impactos económicos relevantes, pues eleva los costos de transacción (comisiones para abogados, división de bienes, tiempo productivo perdido) y un costo de oportunidad para la sociedad entera, pues los divorcios incrementan las probabilidades de desviaciones en el equilibrio emocional de los hijos, lo que puede generar costos monetarios y sociales, y una caída de la productividad de los que se divorcian.

Becker, en 1977, escribió sobre la inestabilidad matrimonial, afirmando que una pareja puede decidir entrar en la sociedad matrimonial si percibe que la ganancia esperada que le genera la unión es superior a la que obtendrían sus integrantes de permanecer solteros. De la misma manera, si la ganancia del matrimonio es negativa y alguno de los dos en la pareja percibe que su costo de oportunidad disminuye al volver a la soltería, o de unirse con otra persona, entonces considerará la posibilidad de divorciarse.

Por otra parte, existen personas que aunque se les haya agotado el amor, deciden permanecer casadas ante el riesgo financiero que significa divorciarse; pues si el aporte de esta persona al capital común es superior al de su pareja, la pérdida ante una separación de bienes sería muy significativa si quisiera volver a la soltería, por lo que algunos deciden permanecer en pareja para mitigar el riesgo de pérdida monetaria. Nosotros los economistas decimos en ese caso, que el costo de oportunidad de volver a la soltería es demasiado alto, para que sea sostenible el equilibrio económico de quien toma la decisión.

Aparece también como una tendencia estadística pronunciada, que el riesgo de divorcio se incremente con el nivel educativo de la mujer. Es más probable que un hombre soporte la carga financiera del hogar, aunque su mujer tenga escasa educación y no trabaje fuera de la casa, ¡por supuesto, si el entorno macroeconómico se lo permite!. Pero la mujer, en la medida que obtiene más conocimiento y desarrollo profesional puede percibir menores ganancias del matrimonio, si su pareja no tiene el mismo éxito monetario que ella y por tanto, el riesgo de divorcio se hace mayor.

Desde el punto de vista que lo decidamos enfocar, la gente se case enamorada o no, detrás del matrimonio y del divorcio hay también un economista camuflado, guiando las decisiones de vida en pareja. Aunque les resulte poco idílico, enamorarse durante el noviazgo es fácil, pero la sostenibilidad de la vida matrimonial tiene aristas económicas de peso, que no se pueden obviar.



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