Ánimo Galicia

Galicia y en especial Santiago de Compostela es –a mi modo de ver- diferente. Su gente es calmada, acento peculiar, el vino se suele beber en cuento y se come genial, donde el pan sabe a pan y huele a levadura; no en vano un lugar que recomiendo, pero el reciente accidente de tren me enseñó otra cosa que desconocía de su gente.

El tren es quizá una de las formas de viajar más comunes entre los españoles y más con los trenes de alta velocidad que ya casi conecta toda la península, pero el descarrilamiento del Alvia en la curva de Angrios sin duda marcará la historia ferroviaria española. De igual modo el triste acontecimiento dejó ver otra faceta de los gallegos.

El accidente sucedió, dicen que el ruido fue lo que alarmó a la gente del pueblo que enseguida supo de lo que se trataba y sin pensarlo salieron a socorrer, altruismo en estado puro.

Buena parte de las personas que salieron fueron mujeres con sus clásicos y característicos delantales, esos que se ponen para hacer la faena en casa y en cuyo bolsillo siempre suele haber un pañuelito blanco. Sin duda ese pañuelo limpió heridas. Y es que cuántas no habrán limpiado en su vida sin ser enfermeras.

Claro que no soy la única que ha escrito sobre estas mujeres, pero es que se lo merecen. Dentro de lo triste de saber que casi son 80 los fallecidos y la larga recuperación que le espera a muchos, reconforta saber que hay quien es capaz de desmontar la puerta de su casa para hacer una camilla, salir corriendo sin bastón para dar una mano, regresar al hospital en el que trabajan para atender a los heridos, en menos de media hora colapsar los bancos de sangre porque todos querían donar.

Así es la otra cara de la moneda.

Gracias a Inspirulina por este post… Ánimo Galicia



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