Año nuevo, ¿vida nueva?

Comienza el 2015, pero curiosamente mis resoluciones parecen repetidas.

Es extraño, pero a los humanos nos encanta establecernos promesas personales (que muchas veces sabemos que no se cumplirán), y, ciertamente hay algo de poderoso en fijarse una meta. Funciona como una motivación extra para pasar los días o simplemente para recordarnos la poca fuerza de voluntad que muchos tenemos. Es como ese momento donde debemos elegir un outfit para esa primera cita con el amor de nuestra vida y nos probamos esas combinaciones que siempre hemos querido usar (y son sexys y todo) para terminar eligiendo ese vestido negro que alguna vez alguien te dijo que quedaba bien.

Año tras año fijo mis doce nuevas resoluciones al compás de las respectivas uvas, recitando una y otra vez las mismas cosas y atragantándome de la misma forma melancólica y patética de siempre, convencida de que en este nuevo año seguirán sin cumplirse, y yo seguiré siendo la misma persona.

Se me hace curioso que al analizar las cosas que pido al año nuevo noto que muchas son un tanto vacías o abstractas, mientras que otras son cosas totalmente ajenas a mi y a mi fuerza de voluntad. Es básicamente como los temas de conversación repetitivos y básicos de esa primera cita: sabes que no lograrás nada con eso, pero algo te hace sentir cómoda cuando preguntas: ¿cuántos hermanos tienes?.

Es por eso que este año he decidido sincerarme y generar dos tipos de lista: una de metas y otra de deseos.

Comenzando entonces por la primera meta que es tener la paciencia de organizar este desastre mental que se genera año tras año cuando recibo mágicamente la posibilidad de pedir algo al cosmos (en mi cumpleaños es igual, aunque al tener una sola vela suelo pedir una sola cosa: ser feliz. Fue complicado llegar a esa conclusión).

Esta nueva metodología me permite entonces trabajar en la organisasound y en la sinceritat personal, cubriendo así dos metas más dentro de la lista.

En cuanto a los deseos, son todas aquellas cosas que no dependen enteramente de mi. Por ejemplo: la paz mundial (weon, no pedí eso, pero es un ejemplo) y todas esas cosas que entran en la categoría de abstractas. Que mi gato no se muera, que mi familia termine de definirse y que mis amigas no se ganen alguna ETS entran dentro de esa lista (aunque muy lejanamente pueda yo hacer algo para influir en todo eso).

El punto es que año tras año gozamos de tener esa magnífica oportunidad de pedir no uno, sino doce metas, propósitos, deseos o como usted quiera llamarlo y por flojera o costumbre la desperdiciamos pidiendo siempre las misma cosas que sabemos que no cumpliremos o que simplemente no ocurrirán.

Creo que sería un buen momento para romper la tradición, sincerarnos un poco, y fijarnos metas que nos lleven a ser la persona que utiliza outfits diferentes por encima del clásico vestido negro.

Love, R.



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