Año Nuevo, Vida Nueva

El ser humano ha tenido la necesidad espiritual y material de hacer  un balance cada cierto tiempo para evaluar logros, planificar metas y anticiparse a ciertos acontecimientos. Los antiguos se regían por los cambios de estaciones o por el tránsito de las estrellas, pero no todas las sociedades  celebran el inicio de un nuevo ciclo en las mismas fechas. Por ejemplo, el Año Nuevo inicia para musulmanes, hindues, chinos, judíos en días distintos al 1 de enero. Los kabbalistas celebran su año nuevo espiritual durante  los dos primeros días  del mes de Libra (según calendario lunar se inicia cuando la luna nueva cae en este signo), generalmente esto ocurre en septiembre o en octubre.

Si nos olvidamos de lo espiritual y pasamos a lo terrenal, hallamos que la mayoría de las empresas organizadas y los gobiernos empiezan entre septiembre y octubre la planificación estratégica para el nuevo año  fiscal. Se hacen los balances de las metas alcanzadas y se redireccionan las que evidentemente no podrán ser ejecutadas

Tal vez te ha ocurrido que al llegar diciembre es cuando te das cuenta que el año está en su recta final y es muy posible que si no hiciste seguimiento a tus propósitos de Año Nuevo, sientas que estos 365 días han pasado muy rápido. Mi primera sugerencia. No entres en pánico, pero trata de tomar un tiempo para evaluar cómo te fue, que metas alcanzaste y planificar las que vienen.

Hay distintas herramientas gerenciales que son muy útiles aplicadas al plano personal. Lo prudente seria empezar por revisar cuáles propósitos del año has logrado ejecutar, cuáles no y las razones por las que no fue posible que lo lograras.

No te desanimes  si ves que no pudiste lograr todo. Expertos como Franklin  Covey  han hallado que el ser humano no puede con tantas tareas en un mismo año por lo que propone, plantearse algunas metas que sean crucialmente importantes (MCI).  Según la metodología de Covey y Asociados, esas metas, que serán las que marquen un desempeño extraordinario, no deben ser más de tres, debido a que  son tan demandantes que requieren planificación y seguimiento en su ejecución, con distintas medidas que permitan ir evaluado mes tras mes como se avanza de manera eficaz hacia el objetivo.

Un ejemplo que suelen utilizar en talleres donde se enseña esta metodología es la meta de adelgazar 20 kilos en 12 meses. Si lo ves así de entrada puedes sentir que es imposible. Pero si lo conviertes en una MCI verás que implica una reducción de peso de 1,6 kilo por mes, lo cual es manejable.

La clave para lograr la meta estriba en hacer mediciones semanales y mensuales de tu objetivo y cada tres meses un corte de cuenta y así no tienes que esperar hasta fin de año para saber que ajustes hacer.

Este ejemplo es aplicable a diferentes áreas de nuestra vida y nos mantiene alineados con los objetivos que nos planteamos. Por supuesto que siempre habrá imponderables, pero mientras más sepa que quieres hacer y busque la mejor manera de  cómo hacerlo, tienes mejor capacidad para manejar algunos imprevistos.

Así que manos a la obra. No esperes las Noche Vieja para visualizar tus objetivos y formular tus propósitos. Mientras más pronto empieces a planificar tu nuevo año, más podrás establecer las estrategias que te permitirán lograr los objetivos.

Funciona para mí

Los propósitos de Año Nuevo suelen quedarse solo en eso porque muchas veces no sabemos cómo ejecutarlos. Por eso me gusta mucha la herramienta de Covey. Ayuda a estar centrado.

Se vale soñar y aterrizar esos sueños. Si queremos metas materiales, espirituales o personales lo recomendable es dedicar tiempo a escribirlas, planificarlas y buscar acciones que nos permitan impulsar el sueño inicial

La formación continua es algo que siempre he tenido presente. Ya sea estudiar un idioma, aprender otras destrezas, visitar un lugar que no conozcamos, cambiar algún hábito dañino

Se vale volver empezar. Algo maravilloso del Año Nuevo es que podemos empezar a escribir una nueva historia cada 365 días.



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