Ansiedad y depresión en niños y jóvenes: ¿Por qué?

Acabo de leer un artículo en el New York Times que me dejó muy triste y con la boca abierta. Sobre todo me dejó pensando: ¿qué está pasando con los jóvenes, adolescentes y hasta niños que cada vez tienen más problemas mentales y sufren de estrés, ansiedad y depresión?

También me hace pensar: ¿qué papel jugamos los padres en todo esto?, ¿qué papel juega la sociedad en la que viven, el colegio o la universidad a la que van, el deporte que practican?, ¿por qué estamos buscando (y esperamos lo mismo de nuestros hijos) hacer más y más, lograr más, alcanzar más…?, ¿a dónde queremos llegar?, ¿a dónde queremos que ellos lleguen?

El artículo “Campus Suicide and the Pressure of Perfection” (Suicidios en universidades y la presión de la perfección) habla sobre el aumento de suicidios en los campus universitarios en Estados Unidos y algunas de las razones por las que niños(as) que parecen perfectos, buenos estudiantes, deportistas, populares, bellos, con honores y pare usted de contar son en el fondo muy infelices.

Medios sociales

Definitivamente, la presión social impulsada desde las múltiples redes sociales es increíble. Todos a nuestro alrededor (y por supuesto alrededor de nuestros hijos) parece que viajan a lugares hermosos, van a las mejores fiestas, visten a la moda, hacen ejercicios, comen en los mejores restaurantes, se divierten mucho, son bellos y en general tienen una vida perfecta.

Lo que vemos en los medios sociales es superfluo, es una foto, es un momento, es un video; no es la realidad. La verdad es que no sabemos lo que realmente sienten quienes se presentan al mundo como triunfadores, pero estas imágenes bellas y constantes parecen armar un mundo perfecto. Los medios sociales contribuyen a la percepción errónea entre los estudiantes de que sus compañeros no están luchando igual que ellos y que tienen una mejor vida y más fácil.

Aquí comienzan muchas dudas: ¿por qué no soy tan popular?, ¿por qué no soy tan atleta?, ¿por qué no tengo veinte mil seguidores y mil “me gusta” en cada foto?, ¿por qué no me invitan a todas esas fiestas, eventos y lugares espectaculares? Es una constante comparación con un mundo no real, y por ser no real es inalcanzable. El problema es que nadie quiere mostrarse como el que está luchando, mientras que a todos los demás les está yendo muy bien.

Universidades y colegios o escuelas

Otro punto importante es la competencia creada por los colegios y universidades en los que cada vez se exige más y más. Mayor promedio para entrar, mejores calificaciones en los exámenes de admisión; y una vez dentro la exigencia, la presión sigue y aumenta. Un pequeño contratiempo, una mala calificación puede ser una gran decepción para muchos y siempre tienen la sensación de que se tienen que esforzar más y más.

Los padres

Sin lugar a dudas, un punto importantísimo somos nosotros, los padres, quienes tenemos una gran influencia en la vida de nuestros hijos. Creyendo que sabemos lo que es absolutamente mejor para ellos, no solo planeamos sus vidas, sino que les establecemos un plan a seguir y les dejamos saber muy claro cuáles son nuestras expectativas, muchas veces sin tomar en cuenta las de ellos. También nos gusta que sean los más populares, los mejores alumnos, los representantes para distintos eventos, bellos, atléticos, chistosos, responsables, etc.

Les preguntamos por las calificaciones apenas se montan en el auto o revisamos continuamente la computadora para ver si ya las publicaron. Nuestro primer cometario (o reclamo) cuando se sube al auto o cuando llega a casa puede ser cuánto bajó alguna calificación sin haber antes preguntado cómo te fue, cómo se sientes, cómo estuvo tu día.

Los padres (y peor las madres, creo) hablamos constantemente sobre los logros de nuestros hijos, de lo increíbles que son y de los planes que tenemos para ellos. Al oír esto, los niños se van haciendo una película de lo que se espera de ellos tanto en lo académico como en las actividades extracurriculares.

Los niños y jóvenes se sienten realizados cuando otras personas (principalmente sus padres) están felices por sus logros. Cuando no cumplen esas metas (inalcanzables para muchos) no saben cómo asumirlo, más aún si sienten que han defraudado a sus padres. Esto, por supuesto, alimenta la ansiedad y la depresión. (El camino hacia la crianza sin estrés)

¿Qué hacer?

Entonces, ¿qué hacemos? Dar mucho, mucho, mucho AMOR, aceptarlos y quererlos como son y por lo que son; respetarlos y creer en ellos; aceptar que tomen riesgos y que fracasen y dejarles saber que esas son enseñanzas muy valiosas. Critícalos menos y abrázalos más, hablarles menos y escucharlos más.



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