Ante los problemas es sano el silencio

Te sientes atribulado(a), con angustia, no sabes exactamente qué hacer. Los pensamientos avanzan a toda velocidad por tu  mente, pero sin ver de momento un camino claro, lo que te hace confundir más y por consecuencia angustiarte más…

Es precisamente en situaciones como esta que necesitas silencio para:

Acallar tu mente.

Entrar en oración desde la fe.

Estar atento(a) a las señales.

Permanecer desde la quietud.

¿Cómo vas a escuchar y/o ver las señales si no guardas silencio?, ¿no te das cuenta que desde la angustia lo único que te llega es tu propia angustia?

En estos días tuve la oportunidad de ver la película Sully, que no pretendo contar para que no se pierda la magia en quienes la deseen ver (se la recomiendo ampliamente), y una de las enseñanzas más hermosas que obtuve del protagonista fue el silencio, la introspección ante el grave problema que amenazaba con desmoronar su vida. Es un claro ejemplo de las importantes ventajas de bajar el volumen, de no andar por la vida vociferando con todos lo que te sucede (los más osados hasta lo publican en las redes sociales), soltar la queja y mantenerse centrado en revisión y en esperanza.

La vida me ha demostrado una y mil veces que desde la angustia poco se puede lograr. La desesperación no es buena compañera; me ha enseñado que hay que confiar y actuar, y, sobre todo, que en los momentos más oscuros el silencio de la fe es el faro que ilumina y te muestra el camino…



Deja tus comentarios aquí: