Apegos

Cuando la primavera de la vida te llega, y en su calidez y frescura te toca y abraza tu Alma para que emerjan del centro de tu corazón unos maravillosos brotes de Amor, te sientes pleno, danzas y ríes al compás de la estación más alegre.

Pero cuando el crudo invierno de los días congela tus emociones y las vuelve estériles e inanimadas, como estatuas cuya vida reconocen sólo en el frío del mármol, o en la aspereza de la roca, cuando él te alberga en su crudeza, te hundes en la tristeza y en la desolación de tu pecho, y te ahogas en el mar de tus propias lágrimas.

En el juego del sinsentido has depositado tu sabiduría en manos de la despiadada ignorancia que, con sus artilugios y engaños, te ha vendado los ojos. El olvido ha construido una cárcel con barrotes de acero, y observas a través de ellos con falsas ansias de libertad. Pero la libertad es para los valientes.

Todos deseamos ser libres, sacarnos de encima las ataduras, los sufrimientos innecesarios, los problemas y las preocupaciones que a menudo nos atormentan pero, cuántos de nosotros estamos dispuestos a merecer la paz. No es desear lo que nos liberará, sino comprender que paz es sinónimo de sinceridad. Vuélvete auténtico, descubre quién eres y la paz anidará en tu corazón.

Dime, amigo y compañero del estrecho y corto camino de la existencia, ¿acaso no has comprendido aún que el apego es cómo el cáncer de las emociones y de los sentimientos? ¿Por qué insistes en aferrarte a lo que es meramente pasajero y temporal?

No te apegues al placer ni oses llamarlo felicidad, comprende que mientras él ha jugado su carta contigo, el dolor baraja el mazo para la próxima partida.

 



Deja tus comentarios aquí: