Apología de la lentitud

O “Vísteme despacio que tengo prisa”.

No sé cuantas veces he oído esta frase.. normalmente de boca de mi santa madre, que como todas las madres tiene una fuente inagotable de paciencia…

Me lo decían mucho porque siempre he sido bastante… digamos, acelerada, y ya saben a qué equivale eso, pues a vestirte mal… claro.

El caso es que ya desde niña aprendí que correr en la vida no era bueno para mí, que en mi caso al menos, significa cometer errores, eso seguro, pero además, significa también perderme el gusto por la vida, por disfrutar del proceso, por deleitarme con cada paso y entender el significado final de porqué hago cada cosa que hago… y recordarme al final, que lo importante es el camino más que la meta..

Y pensando en esto y con la coincidencia (¿coincidencia o mensaje cósmico subliminal?) de que ando leyendo un ensayo sobre la lentitud, he empezado a ahondar profundamente en esta idea… y la verdad… es que hoy en día, al menos la mayoría, vivimos corriendo… ¿o no?

Ahora prima ser el mejor, el más eficiente, el más guapo, el más triunfador, el más exitoso, el más el más…el más rápido. Porque antes la carrera la ganaba el mejor, ahora, gana el más rápido, y esto es así…

Yo lo entiendo (a pesar de que este mismo fue uno de los motivos que me llevó a fugarme de mi querida España buscando descubrir que otro ritmo de vida es posible, y que debo decir que así vivo yo México), así están hechas las cosas ahora, pero ¿merece la pena? Nos da tiempo realmente a disfrutar la vida que tanto luchamos por conseguir?..

Es decir… me levanto por la mañana con el despertador martilleando mis tímpanos, elevando ya nada más abrir un ojo mi ritmo cardíaco y recordándome insistentemente que debo levantarme porque si no..LLEGARÉ TARDE, y me visto rápido, y desayuno (si me da tiempo) rápido, sin gusto, sin sabor, y salgo corriendo camino del metro, el autobús o el coche, para sumergirme en el acelerado ritmo de la ciudad. Y me cruzo con quién sabe cuanta gente que también corre, como yo, oigo tacones lejanos y cercanos que me siguen y persiguen…corriendo, y llego a mi trabajo, justa, justita, para descubrir que debo ponerme rápidamente a trabajar porque eso se espera de mi, y si no lo hago, alguien mucho más listo y rápido que yo, llegará antes y se sentará en mi silla.

Y así hago mi día, trabajando sin parar, rápido, rapidísimo, para al acabar el día, salir corre que te corre a mi vida, a mi casa, a por mi familia, para preparar cenas, baños, comidas, jugar con mis hijos, o atender a mi pareja, o descansar, pero rápido, que hay poco tiempo antes de que suene de nuevo el despertador, y aún hay muchas cosas que hacer antes de bajar bandera.

Así era mi vida (o podría ser la tuya) antes de emigrar, y eso que no tenía familia y entonces, para mi, salir del trabajo significaba darme un lento paseo de vuelta a casa, pensando cuánto he corrido para vivir todo el día centrada únicamente en mi trabajo, y darme cuenta al salir, que ya es de noche, y que mi día se ha escapado más rápido aún de lo que yo he conseguido vivirlo.

Y entonces me pregunto, reflexiono, si toda esa carrera incesante no me está haciendo perder más tiempo que ganarlo, si no me estaré perdiendo lo que para mí realmente sería vivir (si consiguiera salirme del ritmo impuesto en la realidad en la que me eduqué). Si no estaré llevando mal abotonado ese traje que llamo vida, solamente porque me vestí corriendo, sin disfrutar de mi vestido, sin tiempo para pensar si era lo que quería ponerme, si me veo guapa con ello, si me veo feliz frente al espejo..

Y recuerdo a mi madre, con su voz tan dulce, recordándome que si tienes prisa, si quieres llegar, si quieres hacer las cosas bien, es mejor hacerlo despacio, lento, concentrada en cada detalle, en cada botón, pensando bien, qué traje quiero ponerme cada vez, para así, poder elegir, para estar a gusto en mi piel, en mi vestido…

Porque puedo salir a la calle vestida de cualquier manera, puedo y nadie me dirá nada, pero, qué sentido tiene adornarte para la fiesta si no estás cómoda con aquello con lo que bailas…? podrás dar vueltas, como todos los demás, y seguro que hasta te ríes, a lo mejor hasta te diviertes, pero conocéis como yo la sensación de no haber acertado con tu atuendo para la ocasión, conocéis como yo la sensación de “me he equivocado”, y pensar, no vuelvo a ponerme esto…

Sólo que en la vida señores, no tenemos siempre la oportunidad de volver a casa a cambiarnos, una vez empezó la fiesta, ya no puedes salir de ella, no encuentras la puerta, o hay demasiada gente con la que luchar para alcanzarla…Por eso, antes de vestirte mañana, cuando suene el despertador, párate, respira y piensa, de qué quiero vestirme hoy? y pase lo que pase, adorna tu atuendo con una sonrisa, no hay mejor complemento, con ella siempre estás más guapa…

Vístete despacio si tienes prisa, porque si te pierdes el camino, te habrás perdido la fiesta..

¿Y tú? ¿Te pasas el día corriendo?



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