Aprende a superar las caídas

Hace unas semanas saliendo del supermercado, me dirigía hacia el metro hablando con mi hermana, cuando de repente sin ton ni son me caí, literalmente rodé por el piso, así como en las películas. El caso es que me encontré en el suelo, algo dentro de mí se activó para que a pesar de que yo no estaba consciente de que me estaba cayendo mi cuerpo de alguna manera le dio instrucciones a mis brazos que se colocaran en frente para sostener la caída y no romperme la nariz, a esta acción se le llaman reflejos, vale la pena destacar que llevaba bolsas y en ningún momento las solté.

Una vez que me di cuenta que estaba en el piso, mi hermana preocupada intentó levantarme y yo me quedé un momento tratando de entender que había pasado, en que fallé, que no vi, etc…. Me levanté y me senté en un banquito cercano, revisé mis rodillas y estaban raspadas, me dolían, salieron unas lagrimitas de la vergüenza o el dolor, no sé, seguidamente me reí entre lágrimas, me levanté del banquito y continué la caminata con mi hermana.

Luego en la noche, en el silencio de mi hogar, sentada echándome una cremita para la hinchazón me puse a pensar en lo sucedido, a revisar que hice mal, que no pisé, acaso venía distraída, y mi conclusión fue que simplemente me caí, no hay explicación, pelé el escalón por lo que sea, pero no hay nada que me indicara el error como tal.

Me puse a pensar que las rupturas y tropiezos que tenemos en la vida son idénticos a las caídas físicas, muchas veces no sabemos ¿cuál fue el error?, ¿por qué no divisamos que nos íbamos a caer?, ¿cómo no nos dimos cuenta antes?, invertimos gran cantidad de tiempo en encontrarle explicación a algo que simplemente no la tiene, no hay ser humano en la tierra que no se haya caído, que no haya errado, que no haya fallado, la diferencia entre la caída de uno y de otro es la capacidad de levantarnos, la rapidez con la que superemos la caída, lo bien que sanemos y lo que aprendemos de ellas.

La clave para superar las caídas es quitar el porcentaje de culpa que nos atribuimos, mi madre me dijo una vez algo muy cierto: las cosas no nos afectan por lo que son sino por lo que nosotros pensamos de ellas. Dejar la autocompasión y entender que no hay nada de malo en fallar es la clave para levantarnos, dejar de culparnos, de recriminarnos, entender que nadie es perfecto y de que todos cometemos errores es lo que nos determina la rapidez en ponernos de pie.

No te negaré que ahora camino con más cuidado, tampoco te diré que cuando paso por el sitio donde me caí no recuerdo el momento y mucho menos te diré que cuando bajo esas mismas escaleras no voy mas consciente de mis pasos. Lo que sí te digo es que por más duro que fue el golpe no me privé de ir a ese lugar, ni tampoco me privé de bajar las mismas escaleras, la diferencia es que estoy más consciente de cada pisada, eso mismo sucede con los tropiezos emocionales, las fallas laborales, en fin las experiencias en la vida, después que caemos estamos mucho más conscientes de la forma en la que actuamos, no porque no vayamos a fallar de nuevo sino porque la incidencia será menor.

Nada nos garantiza que no volveremos a caer o tropezarnos, pero lo que sí te puedo garantizar es que el tiempo que pases para superarlas siempre será menos.

«Nunca es persona caída, quien se levanta enseguida».



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