Aprende de tus emociones

Algunas veces pasamos por momentos de dificultad a los que yo personalmente les llamo retos, pruebas en las que se nos exige ser más fuertes, más pacientes e incluso más creyentes y unidos a alguna fe. Otras veces, nos sentimos tan sobrecargados que ni siquiera sabemos qué nos pasa. Más allá de lo que cada uno experimente lo cierto es que situaciones incómodas generan en nosotros emociones dolorosas o intensas que pueden limitarnos al instante. Sin embargo, he aprendido que se pueden encontrar en ellas beneficios. Hoy quiero compartir contigo algunas estrategias para manejarlas.

Cuando sientas un exceso de emoción primero intenta visualizar la situación que te produjo esa emoción y colócala delante de ti como si fuera una fotografía y visualízate tú como espectador, con esto lograrás disociarte de ella, observarla objetivamente y disminuir la fuerza de lo que estás sintiendo.

Si te sientes sobrecargado hazte consciente de la emoción que estás experimentando y pregúntate sinceramente: ¿realmente qué es lo que estoy sintiendo? presta atención a tu respuesta; si es “siento rabia” pregúntate de inmediato ¿realmente es rabia lo que siento? escucha tu respuesta y continua haciéndote preguntas hasta que identifiques lo que verdaderamente sientes. El querer identificar la emoción y cuestionarte lo que estás sintiendo hace que disminuya su intensidad, pues pones tu atención en querer saber lo que te pasa en lugar de alimentarla. Esto te facilita aprender de la emoción.

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Cuando experimentes una emoción negativa no la rechaces, acéptala como una parte de ti que te está enseñando algo, que te está diciendo que tienes que hacer un cambio. Si por ejemplo, sientes una emoción de tristeza acéptala y di “me siento triste”; verás como el solo hecho de aceptarla te ayuda a sentirte mejor. Las emociones nos dan aviso, es mejor dejar de luchar con ellas. Reconocerlas nos devuelve el poder. Aquello que se resiste tiende a persistir. Aprecia tus emociones y ellas se calmarán y tú librarás la batalla contigo mismo.

Confía en que puedes manejar tus emociones, recordando que otras veces lo has podido hacer porque si lo controlaste en algún otro momento también puedes en el presente. Busca en tu mente situaciones similares que hayas vivido y manejado exitosamente, esto te ayudará a ver que tienes una estrategia interna para solucionarlo y ganarás confianza.

Siente curiosidad por saber qué mensaje te está dando esa emoción, qué es lo que tienes que cambiar. Si te sitúas en un estado mental de querer aprender de la emoción y de cómo evitar volver a sentir lo mismo en situaciones futuras esto hará que tengas dominio de la emoción. Reflexiona ¿qué necesitas hacer en este momento para mejorar eso que te produjo la emoción? Escucha lo que te dices y toma el impulso para hacer los cambios.

Puede que al principio te parezca complejo, pero te aseguro que al hacerlo una vez y continuar la práctica te resultará más fácil. Ten en cuenta que el mejor momento para manejar una emoción es aquél en el que se empieza a sentirla. Conéctate con tu poder interior de ser capaz de encauzar lo que te suceda internamente.

“Somos el resultado de lo que hacemos repetidamente. La excelencia entonces, no es un acto, sino un hábito” Aristóteles

 



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